Si usted, lector, no está familiarizado con términos como algoritmos, Inteligencia Artificial o biometría, entre otros, un buen consejo sería, cuando menos, comenzar a entenderlos. Tal como lo retratan algunas películas de ciencia ficción futurista, la tecnología parece haber llegado para quedarse a pasos agigantados, con temas que van muy ligados a una especie de manipulación global facilitada por el acceso a la tecnología y, a la inversa, por quienes controlan los datos e información que tienen prácticamente de cualquier ser humano y de cualquier lugar del mundo.
Expliquemos este punto: ¿se ha puesto a pensar en lo rápido que ha avanzado el mundo del Internet? Sin que nos demos cuenta, poco a poco, nuestra información personal sobre gustos, a dónde viajamos, en qué gastamos, cómo somos, logros personales y mucho más, se encuentra en una "nube", que no es otra cosa más que complejos sistemas de almacenamiento de datos. Al conjuntarse, estos pueden revelar nuestro perfil de manera casi exacta lo que, en teoría, brinda el poder de decidir, con base en algoritmos, lo que consumimos a través de las pantallas de nuestros teléfonos celulares.
¿Sabía usted que en nuestro país existen más de 158 millones de líneas de teléfono activas? Es decir, hay más números de teléfono que habitantes. Asimismo, cerca del 82% de los mexicanos mayores de seis años cuenta con un teléfono celular, por lo que ese simple aparato es la ventana de nuestros perfiles al mundo de los algoritmos. Pero bien, se preguntará qué es un algoritmo y cómo funciona; este no es otra cosa más que la personalización de lo que vemos y escuchamos a través de las pantallas.
Usted podría pensar que lo que ve en su celular es lo que, en gran medida, todas las demás personas ven, tal como si se tratara de la edición de un periódico matutino impreso de manera exactamente igual para todos los lectores. Empero, en el mundo del Internet, el algoritmo se encarga de recopilar toda la información sobre su persona —desde edad, sexo y gustos, hasta llegar al nivel de detalle de cuánto tiempo utiliza para ver cierto tipo de contenido—. Con esa información, este sistema le muestra el contenido que usualmente consume, segmentando los mensajes e imágenes para que pase mayor tiempo viendo la pantalla. Este modelo aplica para cualquier plataforma conectada a Internet, desde Facebook hasta Netflix, pasando, por supuesto, por WhatsApp y los anuncios que vemos cada cierto tiempo.
Ahora explicaremos cómo este sistema de segmentación influye en la política. En el año 2017, en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, podemos decir que fue el debut de este nuevo sistema de manipulación política. El outsider y polémico empresario Donald Trump compitió contra una jugadora del sistema como Hillary Clinton, donde prácticamente todas las encuestas daban por ganadora a esta última. Sin embargo, escándalos en las redes sociales como los correos filtrados, memes y mensajes de odio segmentados ayudaron a que el hoy presidente Donald Trump se llevara el triunfo, apoyado por la polarización y los mensajes segmentados de dicho algoritmo.
En la actualidad, podemos afirmar que en gran parte del mundo se están viviendo momentos de tensión política, llegando a grados de polarización sumamente amplios. Se crean una especie de "burbujas" en las que un sector de la población idolatra a un líder sin importar nada, mientras que, por otro lado, hay quienes afirman que ese líder es lo más cercano que existe al diablo. Cualquier parecido con nuestro país es mera coincidencia. Esto se puede explicar debido a estos algoritmos informáticos ya que, por una parte, quienes aman estos modelos son bombardeados todos los días con información (a veces real, a veces falsa) que fortalece su postura; mientras tanto, quienes están en contra consumen información totalmente contraria.
Por lo anterior, el reto en las sociedades actuales se centra en poder desarrollar un pensamiento crítico, investigar y no caer en el sistema de algoritmos, agravados hoy por el uso indiscriminado de la Inteligencia Artificial. Esta nos pone en la antesala de encontrarnos en una burbuja en la que vemos lo que quieren que veamos y, por ende, pensemos solo lo que quieren que pensemos.
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