México ha decidido iniciar la implementación de la Metodología de Evaluación de Aprestamiento (RAM, por sus siglas en inglés) de la Unesco. Este trabajo tiene que ver con la capacidad ética y estructural del Estado mexicano para gestionar la Inteligencia Artificial (IA). Un recurso tecnológico que ha mostrado avances notables en el mundo en muy poco tiempo, y ha generado polémicas en torno a su utilización, porque la construcción de productos falsos es una de sus grandes posibilidades, a la vez de poseer la capacidad de procesar una gran cantidad de información rápidamente, crear opciones de trabajo en la educación, por ejemplo, así como entornos donde el aprendizaje y la intervención médica, entre otras, se pueda hacer con mayor precisión. El uso ético de la IA, definitivamente, es uno de los grandes retos para el ser humano.
El informe, no obstante, llama la atención sobre el entorno que presenta el país en materia de desarrollo tecnológico: 11.4 millones de personas no utilizan Internet por falta de conocimientos técnicos; sólo el 36.6 por ciento de los hogares dispone de una computadora; en las zonas urbanas la conectividad es del 86.9 por ciento, en tanto que en zonas rurales alcanza el 68.5 por ciento.
Existen otros aspectos de importancia en el informe, referentes al campo educativo, aún y cuando las acciones para la evaluación en esta área han registrado un descenso considerable y constante en el país. Entre estos datos se encuentra que: la deserción escolar en educación media superior supera el 11%; en tanto que el 18.9% de los jóvenes en edad de bachillerato están fuera de dicho sistema, y, el documento vincula la interrupción escolar en diversas regiones con la actividad de grupos delictivos. Un efecto de este fenómeno es que, en algunos casos, la inseguridad lleva al abandono escolar, mientras en otros, los jóvenes de escasos recursos económicos y poco capital cultural, se convierten a su vez en delincuentes.
Mientras una parte de la población se aleje del uso de la tecnología y de los beneficios que ésta conlleva, es decir, su aspecto positivo, lo hará cada vez más de la dinámica que envuelve al mundo en la actualidad, en cuanto al acceso y manejo de la información y los mecanismos de comunicación.
Otro punto importante, es que, al no llegar a la educación universitaria, los jóvenes ven reducidas sus posibilidades de desarrollo profesional y personal en una sociedad que presenta un campo laboral no tan amplio como se requiere y altamente competido. Aun considerando, por supuesto, que hay personas que sin cursar estudios profesionales llegan a hacer aportaciones positivas a la sociedad, los déficits en los factores mencionados representan una carencia de conocimientos y habilidades de una porción de la sociedad para contribuir a la prosperidad del país.
La pandemia evidenció la brecha tecnológica y en cuanto a conocimientos de la población estudiantil en México. Estos fenómenos se siguen presentando, lo que hace necesaria la realización de evaluaciones precisas para formular diagnósticos que lleven al diseño e implementación de políticas públicas y acciones que atiendan las carencias expuestas y beneficien a la sociedad en su conjunto, más allá del otorgamiento de becas, que es algo positivo, sólo que el problema es mucho más complejo y requiere, por tanto, de acciones mucho más profundas.


