Cada 18 de febrero, la Iglesia católica conmemora a San Simeón de Jerusalén, considerado el segundo obispo de la Ciudad Santa y, de acuerdo con la tradición cristiana, primo de Jesucristo. Su figura ocupa un lugar relevante en los primeros años del cristianismo, marcados por persecuciones y tensiones políticas.
Diversas fuentes antiguas sostienen que Simeón era hijo de Cleofás, identificado como hermano de San José. Esta referencia se apoya en pasajes de los Evangelios de Mateo y Marcos, donde se menciona a los llamados “hermanos” de Jesús.
El historiador Eusebio de Cesarea, en sus relatos sobre la Iglesia primitiva, señala que Simeón fue reconocido como pariente de Cristo y miembro activo de la primera comunidad cristiana en Palestina. También menciona que su madre habría sido concuñada de la Virgen María.
EL SEGUNDO OBISPO DE JERUSALÉN
Tras el martirio de Santiago el Justo, primer obispo de Jerusalén, los apóstoles y discípulos que sobrevivieron a la revuelta en la ciudad se reunieron para elegir a su sucesor. El elegido fue Simeón, quien asumió la responsabilidad de guiar a la comunidad cristiana en tiempos especialmente difíciles.
Durante el gobierno del emperador Trajano resurgieron las persecuciones en Palestina. Simeón fue acusado de alentar a los cristianos y de pertenecer a la descendencia de David, lo que agravó su situación ante las autoridades romanas.
El gobernador Ático lo condenó a muerte. Según la tradición, fue torturado y finalmente crucificado. Algunas versiones apócrifas indican que habría muerto a los 120 años, aunque no existe certeza histórica sobre la fecha exacta de su martirio, que se ubica entre los años 65 y 107 después de Cristo.

¿POR QUÉ SE LE REZA A SAN SIMEÓN?
Además de recordarlo como mártir y obispo, los fieles suelen invocar a San Simeón para pedir fortaleza en momentos de persecución o dificultad. También se le atribuye la intercesión para mantener la unión familiar, promover la armonía en el hogar y fortalecer la fe cuando surgen divisiones o conflictos.
Su ejemplo de perseverancia y liderazgo en una época de inestabilidad lo ha convertido en un referente espiritual para quienes buscan firmeza, valentía y cohesión dentro de la familia y la comunidad.




