Esto dice la ciencia de las personas que madrugan en exceso

Empresarios, influencers y gurús del desarrollo personal han impulsado la idea de que madrugar más que nadie es sinónimo de disciplina y productividad

Esto dice la ciencia de las personas que madrugan en exceso

Durante años, levantarse a las cinco de la mañana se ha vendido como la fórmula secreta del éxito. Empresarios, influencers y gurús del desarrollo personal han impulsado la idea de que madrugar más que nadie es sinónimo de disciplina y productividad.

Sin embargo, diversos estudios científicos advierten que madrugar en exceso no necesariamente mejora el rendimiento y, en ciertos casos, podría asociarse con riesgos para la salud.

¿CUÁL SERÍA LA MEJOR HORA PARA DESPERTAR?

Especialistas en longevidad señalan que existe una ventana considerada más favorable para iniciar el día: entre las 6:45 y las 7:00 de la mañana.

Un análisis que siguió durante 20 años a grandes grupos poblacionales encontró que el punto más bajo de riesgo de mortalidad se ubica alrededor de las siete de la mañana. A partir de ahí, los extremos —tanto levantarse demasiado tarde como demasiado temprano— pueden relacionarse con efectos negativos.

LOS RIESGOS DE LOS EXTREMOS

Despertarse de forma habitual después de las 8:00 a.m. se asoció con un aumento de hasta 39 por ciento en el riesgo de mortalidad por todas las causas.

Pero el extremo opuesto tampoco es ideal. Levantarse excesivamente temprano sin respetar el ciclo natural del sueño puede generar desajustes en el organismo, especialmente si no se cumplen las horas necesarias de descanso.

Datos del UK Biobank, con más de 433 mil personas analizadas, mostraron que quienes tienen un cronotipo vespertino —es decir, se acuestan y despiertan tarde— presentan 10 por ciento más riesgo de mortalidad total en comparación con quienes madrugan, con mayor impacto en mayores de 63 años.

QUÉ DICEN OTROS ESTUDIOS

Investigaciones de la Universidad de Exeter observaron que las personas que se despiertan de forma natural entre las cinco y las siete de la mañana pueden reducir su riesgo de mortalidad prematura entre 20 y 25 por ciento.

Este hallazgo coincide con la recomendación de acostarse entre las 22:00 y las 23:00 horas para lograr entre siete y ocho horas de sueño reparador, lo que favorece la salud cardiovascular y metabólica.

LA REGLA DE ORO: LA CONSISTENCIA

Más allá de la hora exacta, expertos de universidades como Harvard han concluido que el factor más importante es la regularidad.

Dormir y despertar a horas muy distintas cada día puede aumentar el riesgo de mortalidad entre 20 y 48 por ciento. De hecho, la regularidad del ciclo sueño-vigilia es un predictor más fuerte de salud que la cantidad total de horas dormidas.

El consenso científico apunta a que dormir entre seis y ocho horas es lo más recomendable, siendo siete horas la cifra más asociada con mayor supervivencia en estudios poblacionales amplios.

EL PAPEL DEL RELOJ BIOLÓGICO

Detrás de estos hallazgos está el ritmo circadiano, el reloj biológico que regula procesos hormonales, metabólicos y energéticos.

Alterar este ritmo —por ejemplo, viviendo de espaldas a la luz natural o con horarios muy variables— puede afectar mecanismos vinculados al envejecimiento y a enfermedades cardiovasculares.

Por ello, los especialistas recomiendan exponerse a la luz natural poco después de despertar, idealmente cerca de las siete de la mañana, para activar adecuadamente los procesos hormonales que ayudan a proteger el organismo.

En resumen, la ciencia no respalda la idea de que levantarse extremadamente temprano sea una fórmula universal para el éxito. Lo más importante no es madrugar más que los demás, sino dormir lo suficiente y mantener horarios consistentes que respeten el reloj biológico.