Ante el actual brote de sarampión y el llamado de las autoridades sanitarias a reforzar la vacunación, una de las dudas más frecuentes entre la población es si es posible recibir la dosis cuando se presentan síntomas como gripe o tos.
Aunque es seguro vacunarse contra el sarampión cuando se trata de malestares leves, la presencia de fiebre sí obliga a posponer la aplicación para garantizar un diagnóstico preciso y evitar confusiones médicas. En cualquier caso, se recomienda consultar previamente a un profesional de la salud.
¿PUEDO RECIBIR LA VACUNA CONTRA EL SARAMPIÓN SI TENGO GRIPE Y TOS?
Tener gripe leve, escurrimiento nasal o una tos moderada no impide recibir la vacuna contra el sarampión. La evidencia científica señala que el organismo puede procesar correctamente el biológico aun cuando enfrenta padecimientos menores.
Tanto el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) coinciden en que las enfermedades leves no sobrecargan el sistema inmunológico ni afectan la respuesta que se busca generar con la vacuna.
Entre los casos en los que sí puede aplicarse la dosis se encuentran:
- Resfriados y escurrimiento nasal: Si el paciente solo requiere el uso ocasional de un pañuelo, puede vacunarse.
- Tos leve o alergias: Siempre que no exista dificultad respiratoria grave.
- Infecciones de oído: Aunque resulten molestas, no interfieren con la inmunización.
- Diarrea leve: Si no hay deshidratación ni malestar general severo, la vacuna es segura.
En estos escenarios, el sistema inmunitario puede responder adecuadamente a la vacuna contra el sarampión sin que la enfermedad leve represente un riesgo adicional.
¿POR QUÉ NO ES RECOMENDABLE VACUNARSE SI TENGO FIEBRE?
El panorama cambia cuando existe fiebre. Este síntoma suele indicar que el organismo enfrenta una infección activa más intensa, por lo que los especialistas aconsejan esperar hasta la recuperación.
La recomendación, respaldada por los CDC y el National Health Service (NHS) del Reino Unido, se basa en varias razones:
- Evitar confusiones clínicas: La vacuna puede provocar fiebre leve como efecto secundario. Si el paciente ya presenta temperatura elevada, resulta difícil identificar el origen.
- Facilitar la recuperación: El cuerpo necesita concentrar energía en superar la infección antes de generar defensas adicionales.
- Proteger a terceros: Acudir a una clínica con una enfermedad contagiosa activa puede exponer a otras personas.
Por ello, si se presenta fiebre, lo más prudente es posponer la cita hasta que el cuadro haya desaparecido.
¿QUIÉNES NO DEBEN VACUNARSE CONTRA EL SARAMPIÓN?
La vacuna contra el sarampión utiliza virus vivos atenuados, lo que la hace incompatible con ciertos grupos de riesgo. Identificar estas condiciones es fundamental para evitar reacciones adversas.
De acuerdo con las autoridades sanitarias, deben posponer o evitar la vacunación:
- Mujeres embarazadas: Existe un riesgo teórico para el feto.
- Personas con alergias graves: Especialmente si han presentado anafilaxia a la neomicina, gelatina o a una dosis previa.
- Pacientes con sistemas inmunológicos comprometidos: Personas con VIH avanzado, cáncer o bajo tratamiento de quimioterapia.
- Quienes recibieron transfusiones recientes: Deben esperar el tiempo indicado por su médico.
- Pacientes con tuberculosis activa sin tratamiento.
En todos los casos, la recomendación principal es acudir a valoración médica antes de recibir la vacuna. Verificar que la persona se encuentre en condiciones adecuadas no solo garantiza una mejor respuesta inmunológica, sino que también contribuye a cortar la cadena de transmisión en medio del brote.




