¿Por qué se dice "salud" al estornudar? Aquí te decimos su origen

Conoce la historia detrás de esta expresión popular que surgió durante brotes de enfermedades y descubre qué función tiene en el organismo humano

El estornudo es un mecanismo natural de defensa que puede expulsar aire a gran velocidad
El estornudo es un mecanismo natural de defensa que puede expulsar aire a gran velocidad

Decir "salud" cuando alguien estornuda es una expresión tan común que pocas veces nos detenemos a pensar de dónde proviene. La tradición tiene raíces que se remontan al año 590, cuando diversas enfermedades azotaron Europa y generaron gran preocupación entre la población.

Durante ese periodo, el papa Gregorio Magno pidió que se ofrecieran plegarias por quienes estornudaban, ya que el síntoma era asociado con males graves que podían propagarse rápidamente. La intención era pedir protección divina y bienestar para la persona afectada.

Con el tiempo, esta expresión se popularizó como una forma breve de bendición, declarando literalmente el deseo de que la persona gozara de buena condición física. En otras culturas surgieron frases similares como "Bless you", "Jesús" o "Dios te bendiga".

DE PLEGARIA RELIGIOSA A GESTO DE CORTESÍA

Aunque su origen está ligado a la religión y a contextos de enfermedad, hoy en día la frase se utiliza como un acto de educación y cordialidad. Incluso entre desconocidos, es común que alguien responda automáticamente cuando escucha un estornudo en la calle, en la oficina o en el transporte público.

La costumbre ha trascendido generaciones y fronteras, convirtiéndose en una reacción casi automática dentro de la convivencia social.

Más allá de la tradición cultural, el estornudo cumple una función esencial en el organismo. Se trata de un mecanismo de defensa natural que ayuda a expulsar partículas extrañas que ingresan por la nariz y pueden afectar los pulmones u otras áreas del sistema respiratorio.

Aguantarlo impide que el cuerpo realice esa limpieza. Las partículas irritantes podrían desplazarse hacia otras zonas, favoreciendo infecciones. Además, la presión acumulada al bloquear la salida del aire puede provocar molestias como dolor de oído, inflamación, pequeñas hemorragias, mareos e incluso alteraciones en la audición.

Durante este proceso intervienen músculos abdominales, pectorales, párpados y pulmones, que impulsan el aire a través de la tráquea, la garganta y las fosas nasales. La velocidad del aire expulsado puede alcanzar hasta 150 kilómetros por hora.

Entre las principales causas que lo desencadenan se encuentran el polvo, el resfriado común, el polen, el pelo de mascotas, el humo, la contaminación, el aire frío e incluso la exposición repentina a la luz solar intensa.

Así, una palabra que parece simple tiene detrás una historia marcada por epidemias, fe y ciencia, además de un reflejo corporal clave para proteger la salud.