Sin duda alguna, cuando alguien dice la frase: "estamos caminando con la historia por eso no la notamos", se refiere a momentos como los que actualmente vive nuestro país en materia política y social. Desde luego que hablamos de la separación del cargo del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y del presidente municipal de Culiacán, Juan de Dios Gámez, un par de hechos relacionados con las acusaciones públicas del Gobierno de Estados Unidos que los vinculan con hechos delictivos en colaboración con el crimen organizado.
Hasta el momento en que estas letras se escriben, los hechos se han quedado solo en eso: en acusaciones con pruebas que el Gobierno mexicano ha considerado como insuficientes para poder continuar con el proceso de extradición que el Gobierno norteamericano requiere de los funcionarios públicos, a los que habría que agregar al todavía senador sinaloense, Enrique Inzunza, y seis funcionarios más a los que se les acusa de los mismos delitos.
Por obvias razones, este tema aún tiene muchas historias por contar y el desenlace promete ser aún más llamativo y polémico que el inicio; por lo tanto, la trama que mantiene en disputa a ambos gobiernos tiene muchas aristas que van desde las relaciones internacionales entre ambos países, las implicaciones económicas que pudiesen existir y la soberanía nacional mexicana para juzgar en su país a quienes cometan algún delito, entre muchas otras más que sería imposible tratar en un solo espacio de opinión. Por lo tanto, en esta ocasión nos centraremos en una de las líneas torales de este tema: la política.
No es un secreto para nadie que el poder adquirido por el partido en el poder en México, Morena, ha ido en aumento de manera considerable hasta llegar al grado de considerarse por sus mismos militantes, y en voz de la propia presidenta Claudia Sheinbaum, como el partido político más fuerte de América Latina; por lo que momentos como los de la semana pasada nos hacen pensar en qué tan profundo puedan calar estas declaraciones en el ambiente político nacional.
Por una parte, la oposición mexicana en la mayoría de los casos ha brillado por su ausencia, con un halo que va desde la indiferencia con algunos destellos de vivacidad hasta la tibieza que se ha convertido en la tónica a seguir ante situaciones como la comentada en este escrito. Por lo tanto, situaciones como las de Rocha Moya significan un tanque de oxígeno para una oposición imposibilitada a colocar temas sobre la mesa.
Sin embargo, este tema no es del todo nuevo, sobre todo si tenemos en claro que desde hace 20 meses Sinaloa vive una de las etapas más violentas de su historia con sucesos como la muerte de políticos, incendio de restaurantes, violencia en las calles y muchas más que mantienen en crisis al Gobierno local.
Con todo lo anterior, usted podría pensar que el pueblo sinaloense —ojo, no sus amigos o conocidos del círculo al que usted podría considerar "todo el mundo", no, me refiero a las grandes masas que día con día salen a trabajar y que en nuestro país son la mayoría a quienes el Gobierno y los partidos políticos deberían de hablarles— (reaccionaría distinto). Empero, hasta hoy prácticamente todas las encuestas serias y, sobre todo, todas las elecciones recientes nos revelan una verdad difícil de entender: Morena, el partido en el poder, sigue en las preferencias de gran parte de los ciudadanos con una candidata puntera, Imelda Castro, que probablemente sea la próxima gobernadora.
Ante esto, podemos poner un tema en el centro de la conversación: ¿qué tiene que pasar para que el electorado elija otras opciones? ¿Será acaso que prefieren seguir con el Gobierno actual que regresar al pasado? ¿O más bien será que no hay alternativas que emocionen más que la retórica morenista? O quizás la ciudadanía no atribuye estos hechos al Gobierno actual sino más bien a los anteriores (con o sin razón). Entonces, quizá la pregunta ya no sea qué está haciendo mal Morena, sino qué está dejando de hacer la oposición y la sociedad.
Evidentemente, este será un tema para analistas y politólogos que nos dicen que el verdadero cisma será cuando la ciudadanía pase estas facturas en las urnas.
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