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México aún no entra formalmente en proceso electoral, pero el ambiente político ya comenzó como dicen "a calentar el caldo"

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México aún no entra formalmente en proceso electoral, pero el ambiente político ya comenzó como dicen "a calentar el caldo". Las señales son claras: posicionamientos constantes, giras estratégicas de funcionarios en turno, narrativas cada vez más definidas pidiendo seguir respaldando ciertos proyectos políticos o invitando a confiar en nuevos, así como una competencia territorial.

Ahora bien, no culpo a nuestros políticos, la realidad es que este 2027 no se trata de una elección cualquiera. En 2027 se renovarán 17 gubernaturas a nivel nacional y la totalidad de la Cámara de Diputados federal. Eso implica algo más profundo que un simple ajuste político: se redefinirá el equilibrio de poder rumbo a la segunda mitad del sexenio, pudiéramos decir también que una evaluación también al poder ejecutivo federal en turno y, de forma indirecta, una tendencia hacia 2030.

Lo que está en juego no es sólo quién gana más estados, sino qué proyecto político consolida presencia territorial y mayoría legislativa. En ese sentido, para Morena y aliados, el desafío será sostener estructura, narrativa y resultados frente a la ciudadanía. Además, mantener la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados significaría preservar margen de maniobra presupuestal y legislativa para poder así cumplir la mayoría de sus compromisos de campaña.

De no lograrlo, se abriría una etapa de mayor negociación con la oposición, con contrapesos más marcados y una eventual reconfiguración del mapa político nacional. Las gubernaturas en disputa serán, además, una prueba de fuerza territorial y de cohesión interna para cada partido. Particularmente en estados estratégicos en lo económico como Sonora, Nuevo León, Chihuahua y Baja California, cuyo peso industrial, fronterizo y logístico influye directamente en la competitividad del país.

Al mismo tiempo, habrá elecciones en entidades con desafíos complejos en materia de seguridad y gobernabilidad, como Sinaloa, Zacatecas y Michoacán, donde será relevante observar cómo los acontecimientos recientes inciden en la percepción ciudadana y, eventualmente, en el sentido del voto.

Y también, elecciones donde la oposición ha logrado mantenerse al mando frente al creciente fenómeno electoral que ha representado Morena y aliados en las elecciones, como, Aguascalientes, Querétaro y Chihuahua, donde será interesante observar los resultados a obtener en esta próxima elección.

Para la oposición, 2027 representa una oportunidad decisiva. No basta con cuestionar repetidamente el actuar de Morena y Aliados; será necesario articular alianzas viables, perfiles competitivos y propuestas claras, siempre en beneficio de las y los mexicanos, no de intereses ajenos. Las 17 gubernaturas, es la oportunidad que tiene la oposición para no solo ocupar espacios ejecutivos en los poderes estatales, sino para recuperar plataformas de reconstrucción política, control territorial y proyección nacional de perfiles.

Además, esta elección federal y de gubernaturas llegará en un contexto institucional que exige legitimidad y confianza, tanto para quienes hoy gobiernan como para quienes aspiran a hacerlo. Para las autoridades en turno, el proceso representará una oportunidad para refrendar el respaldo ciudadano y validar la continuidad de su proyecto político.

Para la oposición, en cambio, será una prueba de viabilidad y cohesión interna: la posibilidad de demostrar a su militancia y al electorado que existen alternativas reales y que es posible competir con estructura, narrativa y capacidad de Gobierno.

Por eso el ambiente ya se siente distinto. No estamos en campaña formal, pero la competencia comenzó. Y dentro de ese tablero nacional, la gubernatura de Sonora será particularmente relevante. No sólo por su peso regional, sino por su ubicación estratégica en la frontera, su gran relevancia en el contexto nacional económico y su papel en la relación binacional con Estados Unidos.

2027 es la elección. Sin embargo, 2026 es la definición.

Porque en política, quien llega improvisando, llega tarde.