Los estados que empiezan a preocuparle a Morena

El partido guinda comienza a enfrentar un escenario distinto al que vivió en sus primeros años en la política

Los estados que empiezan a preocuparle a Morena

Rumbo a 2027, Morena comienza a enfrentar un escenario distinto al que vivió en sus primeros años en la política. Aunque el partido guinda sigue siendo la principal fuerza electoral del país, al interior del partido ya empiezan a identificarse focos rojos en distintas entidades donde la competencia podría cerrarse más de lo esperado. Y eso está provocando algo importante dentro del movimiento, es decir, una etapa de reorganización interna, endurecimiento político y redefinición estratégica.

En los próximos comicios se renovarán gubernaturas, congresos locales, ayuntamientos y la Cámara de Diputados federal, en una elección que históricamente funciona como el principal termómetro sobre el desempeño del Gobierno en turno. Para la presidenta Claudia Sheinbaum, esa elección representará la primera gran evaluación política de su administración. Y justamente por eso, Morena ya comenzó a operar pensando menos en expansión y más en contención.

Diversos análisis políticos recientes advierten que existen estados donde Morena podría enfrentar escenarios particularmente complejos debido al desgaste de gobiernos locales, divisiones internas, conflictos territoriales y problemas relacionados con seguridad pública. Si tuviéramos que hablar de casos en particular, bastaría mencionar Sinaloa, Michoacán, Zacatecas, Baja California, Campeche, entre otros.

En Sinaloa, por ejemplo, en el contexto de seguridad hemos sido testigos del impacto que directamente ha tenido en la percepción pública sobre el Gobierno local. Lo anterior, sumado a los recientes episodios de violencia y los señalamientos internacionales relacionados con actores políticos del Estado, han colocado a la Entidad en el centro de la conversación nacional.

En Michoacán, el Estado históricamente ha enfrentado problemas complejos en materia de seguridad y presencia de grupos criminales, situación que obliga al Gobierno Estatal a mantenerse permanentemente bajo evaluación pública. A ello se suman tensiones políticas locales y disputas internas entre grupos morenistas que ya comienzan a posicionarse rumbo a la sucesión estatal.

Zacatecas representa otro caso delicado para Morena. La situación de seguridad en el Estado ha sido tema constante en la agenda pública nacional y, aunque el partido en turno mantiene control político, la percepción ciudadana sobre resultados en temas sensibles como violencia y tranquilidad social podría influir directamente en el comportamiento electoral.

Porque conforme Morena acumuló poder territorial y electoral, también comenzaron a crecer las tensiones internas. La incorporación de perfiles provenientes de otros partidos permitió una expansión rápida y competitividad electoral, pero al mismo tiempo generó disputas entre grupos internos y cuestionamientos sobre la identidad política del movimiento. En distintos estados, hoy conviven dentro de Morena actores con trayectorias ideológicas completamente distintas, unidos más por el beneficio electoral que por una visión homogénea de partido.

Ahora bien, las recientes discusiones internas, los cambios en la dirigencia nacional y las llamadas operaciones de "unidad" reflejan que Morena entiende el riesgo que enfrenta rumbo a 2027. La llegada de nuevos liderazgos, el endurecimiento en los filtros de selección de candidaturas y las negociaciones con aliados como el PT y el PVEM parecen responder a una lógica clara: evitar que las tensiones internas se conviertan en fracturas electorales.

Al mismo tiempo, desde la oposición también comienza a construirse una narrativa rumbo al siguiente proceso electoral. Particularmente desde el PAN, distintas voces ya han comenzado a posicionar una estrategia enfocada en señalar desgaste, divisiones internas y contradicciones dentro de Morena, buscando proyectar la idea de que el Gobierno empieza a enfrentar los costos naturales del ejercicio del poder.

Además, dentro de Morena también empieza a hablarse cada vez más de una posible "purga interna", término que distintos analistas han utilizado para describir la disputa entre grupos políticos y bloques que buscan posicionarse rumbo a la definición de candidaturas y liderazgos locales. Conforme se acerquen los tiempos electorales, estas tensiones a lo mejor aumentarán, especialmente en estados donde existen múltiples aspirantes competitivos y estructuras locales divididas.

Entonces, para mantener cohesión mientras ejerce el poder, los partidos dominantes rara vez comienzan a debilitarse únicamente por la fuerza de la oposición. Muchas veces el desgaste inicia desde dentro, particularmente cuando las disputas internas por espacios y candidaturas comienzan a generar fragmentación territorial.

En ese sentido, Morena enfrenta hoy un reto distinto al de 2018 o incluso 2024. Ya no compite únicamente desde la narrativa de transformación o desde el papel de oposición al viejo sistema político. Ahora compite como partido gobernante, con responsabilidades institucionales, desgaste acumulado y una ciudadanía que comenzará a evaluar resultados más allá del discurso.

Por ello, la elección de 2027 probablemente no será únicamente una disputa entre partidos, sino también una prueba sobre la capacidad de Morena para sostener la unidad interna mientras administra el poder.

Finalmente, recordemos que, en política, crecer rápido puede cambiar el mapa electoral en pocos años, pero sostener el poder sin fragmentarse internamente suele ser el verdadero desafío.