En el Día del Maestro, el viernes 15 de mayo, miles de maestras y maestros celebraron el día a su manera. Decenas de ellos participaron del tradicional homenaje oficial; fueron galardonados por sus años de antigüedad en el noble oficio de educar; entre tanto, cientos de educadores disidentes conmemoraron su efeméride en las calles, con marchas y demandas de viejo y nuevo cuño, como el mejoramiento de sus ingresos y la derogación de la Ley del Issste de 2007 que, a decir de ellos, "nos condena a una vejez de miseria".
Ahora bien, el Día del Maestro es una de las efemérides que forma parte de la cultura nacional, con una tradición de más de 100 años de vigencia, cuya invención data del 27 de septiembre de 1917, fecha en que los dirigentes revolucionarios rubricaron, en su calidad de diputados federales, un decreto que mandaba instituir el Día del Maestro en México, con objeto de homenajear y enaltecer a quienes entonces dedicaban su vida a la educación de la niñez.
En Sonora, el decreto federal fue visto con buenos ojos por el Gobierno revolucionario de Plutarco Elías Calles, pero fue hasta mediados de 1919 cuando promulgó una ley estatal "que declara Día del Maestro en el Estado, el 15 de mayo de cada año". Cabe destacar que este legado fue inicialmente obra de los profesores Antonio G. Rivera y Ventura G. Tena, ambos revolucionarios y diputados locales, quienes propusieron a sus pares dedicar el día 15 de mayo a homenajear a los educadores, dada su "importantísima obra de forjar ciudadanos honrados, aptos, conscientes de sus deberes y conocedores de sus derechos".
Pero cuáles fueron los motivos de los gobernantes revolucionarios para instituir el Día del Maestro, cuándo y bajo qué contexto sucedió, cuál fue la finalidad y quiénes tienen en su haber el mérito de su invención. Estas y otras preguntas se intentan responder a lo largo del presente texto.
Desde antes que ocupara la silla presidencial, Venustiano Carranza, jefe máximo de la Revolución constitucionalista, tenía entre su gente de confianza a maestras y maestros de escuela, quienes eran parte de su primer círculo y tenían a su cargo tareas que requerían un alto grado de fiabilidad, como servir de asistente personal, hacer trabajo secretarial y difundir entre el pueblo el revolucionario Plan de Guadalupe, ya mediante la prensa, que ellos mismos editaban y escribían, o reuniones populares, organizadas por su propia cuenta, todo eso para ganar adeptos a la causa carrancista.
Asimismo, Carranza creía en el Magisterio; lo veía como un pilar clave de la soberanía nacional. Por eso, delegaba en las maestras y los maestros la defensa y protección de la patria, sobre todo "en el caso de un conflicto armado con Estados Unidos", cuyo estallamiento esperaba de un momento a otro, con motivo de la nueva Constitución Política de 1917, que los gringos miraron no solo con desconfianza, sino como una franca amenaza a sus intereses económicos, ya que el Artículo 27 declaraba propiedad nacional los recursos naturales, independientemente de los derechos previamente adquiridos.
Más aún, Carranza tomó muy en serio el riesgo de una invasión estadounidense. Por tanto, adelantó una serie de medidas defensivas, entre ellas decretar la enseñanza militar en las escuelas oficiales, reforzar la inculcación de valores nacionalistas y "enseñar a nuestros hijos notorios ejemplos de heroísmo y sublimes lecciones de amor a la patria".
Todo eso fue visto con buenos ojos por los mandatarios estatales, entre ellos los sonorenses Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta, quienes, de la mano del titular de educación en el Estado, profesor Enrique Corona, más las maestras y maestros en servicio, se echaron a cuestas la apremiante tarea de transformar temporalmente las escuelas en trincheras para la defensa de la patria.
Entonces hubo maestros y alumnos que ostentaban grados militares; además, las escuelas de varones organizaban a los alumnos en batallones infantiles y los instruían para la guerra, mientras las niñas aprendían nociones de enfermería, "a fin de desarrollar habilidades necesarias para defender su honor, la independencia y el territorio nacional", como sucedió en el Colegio Sonora, hoy "José Lafontaine", el internado "Cruz Gálvez" y la Normal del Estado, entre otros planteles.
Superados los problemas con Estados Unidos y con la moral muy en alto por el triunfo revolucionario, el Gobierno de Venustiano Carranza no se olvidó de los maestros y, de la mano de los diputados de su bando, tuvieron a bien aprobar un decreto fechado el 27 de septiembre de 1917, que mandaba homenajear al Magisterio el 15 de mayo de cada año, para lo que estipulaba enviar a los niños a la casa de sus maestros con objeto de saludarles y rendirles homenaje en gratitud a sus afanes en la educación de la niñez.
Vistas las cosas así, este 15 de mayo se cumplieron 109 años de la instauración oficial del Día del Maestro, aunque en Sonora cumplió 107 años, en virtud de que su aprobación formal data de 1919.
El escribidor Ricardo Aragón Pérez es miembro del Club de Adultos Mayores en Defensa de la Cuarta Transformación.




