Mientras la Reforma Electoral presentada por la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, aún se encuentra en su periodo de gestación, a punto de dar sus primeros pasos como una propuesta de iniciativa formal en el Congreso, la calentura política se encuentra desatada. Prácticamente al mismo tiempo en que la reforma era presentada y discutida en comisiones, el Consejo Político Nacional de Morena daba a conocer los lineamientos y momentos para la selección de los llamados "Defensores de los Comités de la Cuarta Transformación", que —dicho en español— serán los próximos candidatos a los puestos de elección en juego para los comicios del próximo año.
Por lo tanto, en un país con muchos temas dentro del caldero, la Reforma Electoral ha pasado momentos de tensión: primero por su confección y tardía presentación y, posteriormente, por el rechazo expreso de quienes en teoría eran aliados irrestrictos del régimen oficial —el Partido Verde y el Partido del Trabajo—, y que en estos momentos son ellos mismos los que, en apariencia, detendrán la propuesta de la presidenta del partido político "más fuerte del mundo", como ella misma lo afirma.
Sin embargo, quisiera hacer una pausa en el camino ante este torbellino de noticias para ahondar en el análisis de una de las propuestas que, en teoría, podría ser una buena noticia pero que, en el fondo, puede convertirse en algo más relevante incluso que la propia reforma.
Hablamos de la inclusión de la Inteligencia Artificial al marco normativo mexicano en materia de procesos electorales. Como todos sabemos, la tecnología avanza a pasos agigantados y la Inteligencia Artificial puede convertirse, como toda tecnología, en una gran herramienta de ayuda para las tareas del ser humano; empero, esta herramienta tiene un ingrediente que la vuelve mucho más peligrosa. Como su propio nombre lo dice, esta herramienta tecnológica tiene la habilidad de "pensar"; es decir, que conforme el paso del tiempo y la información que uno le proporciona, va adquiriendo nuevas habilidades que le permiten resolver problemas.
Hasta ahí todo parece color de rosa; el problema llega cuando esta herramienta se utiliza para fines negativos y crea una "realidad alterna"; es decir, construye a los ojos de la sociedad espejismos o ilusiones que no son la realidad objetiva pero que, utilizados por personas en el poder, pueden influenciar y manipular la percepción de las mayorías con fines particulares.
Es por lo anterior que, si dejamos que esto ocurra de manera indiscriminada, podría terminar por convertir en "verdad" lo que es "falso" y viceversa; por eso esta reforma plantea crear una especie de "control" para eliminar información creada con esta herramienta.
El problema llega en lo siguiente: si quienes controlan esta especie de "tribunal de la verdad" o el "ministerio de lo real" son quienes a su vez —en el presente o en el futuro— controlan el poder y las elecciones, sería un arma de doble filo porque, en esencia, podrían eliminar información de las redes sociales que ellos consideren falsa o tendenciosa con la facilidad de solamente un clic.
Lo anterior me recuerda al famoso libro citado en otras ocasiones en este espacio, 1984 de George Orwell, donde el Gran Hermano vigila todos los movimientos y define las verdades. Sin duda, este tema dará mucho de qué hablar durante los siguientes años por la delicadeza del mismo y, si usted, lector, no ha leído este libro, le recomiendo que lo ponga en su lista de pendientes.
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