El experimento inconcluso: 250 años de persistencia

"Su desafío es evitar la paradoja del suicidio democrático..."

El experimento inconcluso: 250 años de persistencia

A 250 años de su independencia, Estados Unidos aún se sostiene sobre su Constitución: un andamiaje de contrapesos diseñado para frenar el poder absoluto, garantizar la igualdad ante la ley y proteger la pluralidad y la libertad de expresión. Sin embargo, en un mundo donde la esperanza de vida promedio de una carta magna nacional es de apenas 19 años (según el Comparative Constitutions Project), el "gran experimento americano" sobrevive porque exige un ejercicio diario de adaptación.

En realidad, las libertades en Estados Unidos han sido conquistas violentas a lo largo de su historia. La Guerra Civil por la abolición de la esclavitud costó 750 mil vidas, más muertes que todas sus guerras internacionales conjuntas hasta Vietnam. Posteriormente, las luchas por el sufragio femenino (1920) y los derechos civiles (1960) desmantelaron las barreras legales para la inclusión ciudadana. Cada generación ha forzado la puerta para incluir a los excluidos.

El origen de la democracia directa se remonta a la Atenas del siglo V a. C. No obstante, aquel primer modelo dependía de la esclavitud y limitaba la participación política a una minoría de hombres libres. Estados Unidos se erige hoy como la democracia representativa moderna más antigua del mundo en funcionamiento continuo. Su Constitución, ratificada en 1789, marcó el inicio de la era democrática moderna. Según el Pew Research Center (2023), hoy existen 84 naciones consideradas democracias electorales. Sin embargo, reducir la democracia al ejercicio de las urnas es un espejismo.

El Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo documenta que actualmente operan en el mundo 56 autocracias electorales —donde el voto es una herramienta para legitimar el autoritarismo— y 35 autocracias cerradas. El saldo es contundente: el 72% de la población mundial vive bajo regímenes autocráticos. En términos de libertad política, el ciudadano global promedio ha retrocedido a los niveles de 1985.

Cuando Estados Unidos declaró su independencia en julio de 1776, tenía apenas 2.5 millones de habitantes. El censo de 2020 registró 331 millones de personas, un aumento de 8,336% respecto a los 3.9 millones contabilizados en el primer censo de 1790. Este vigor demográfico es inseparable de la diversidad. La primera lengua europea hablada en lo que hoy es el país no fue el inglés, sino el español, utilizado en la administración, la justicia y el comercio en San Agustín, Florida, desde 1565. Y en la década de 1640, cuando Nueva Ámsterdam (hoy Nueva York) tenía apenas 500 habitantes, se hablaban ahí 18 idiomas.

El crecimiento poblacional dependió de la migración. Para proteger el comercio y a los inmigrantes, los fundadores omitieron establecer un idioma oficial en la Constitución. Esta apertura permitió crear sólidas redes de información. Para 1890, operaban más de 1,000 periódicos en alemán en el país, dominando el 80% de la prensa no anglófona. Sin embargo, el pluralismo no evitó la xenofobia. Con la entrada de Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial en 1917, las políticas de asimilación forzada y el sentimiento antialemán aniquilaron esta prensa en pocos años.

A pesar de estas fracturas, la capacidad de absorción y regeneración de la democracia estadounidense es su mayor virtud. Hoy, 68 millones de hispanos representan el 20% de la población estadounidense. Los hispano-estadounidenses poseen un poder adquisitivo que, de ser una nación soberana, competiría de frente con Japón e India como la cuarta o quinta economía más grande del mundo. Su arraigo se refleja en los más de 600 medios nacionales para esta comunidad: 77% operan en español y 15% son bilingües. Es la prueba fáctica de que preservar las raíces culturales detona la economía nacional.

A 250 años de su fundación, Estados Unidos opera en un sistema global interdependiente. Los desafíos del siglo XXI no respetan fronteras y la realidad exige una Declaración de Interdependencia más que un aislacionismo amurallado. Mientras el mundo invierte cifras récord en gastos militares, con EE.UU. concentrando su mayor porcentaje, las crisis como el colapso climático y la migración forzada requieren cooperación, no trincheras. El proyecto fundacional nació en 1776 para separarse de un imperio europeo; hoy, su viabilidad depende de integrarse a una comunidad internacional regida por el derecho y no por las armas.

Según el Índice de Democracia de The Economist, apenas el 8% de la población mundial vive hoy bajo una "democracia plena", categoría de la cual Estados Unidos fue expulsado en 2016 para ser clasificado como una "democracia defectuosa". La regresión es un riesgo continuo, pero este año, las masivas protestas del movimiento No Kings (No a los reyes) contra el autoritarismo confirman que la lucha por los ideales fundacionales sigue activa. El experimento americano sobrevivió dos siglos y medio gracias a sus libertades. Su desafío es evitar la paradoja del suicidio democrático, donde las mismas libertades se conviertan en las herramientas para desmantelar la república desde adentro.

Que la interdependencia y la pluralidad sigan siendo nuestras fortalezas. ¡Feliz 4 de julio!

El Dr. Castro fue consejero externo para el Gobierno Mexicano y presidente de la comisión de asuntos fronterizos del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME). Ha sido catedrático, decano y vicerrector para desarrollo internacional en Pima College de Tucson, Arizona.

rikkcs@gmail.com


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