Domingo del buen pastor “escuchar la voz que da sentido”

Este domingo tiene además un acento universal, se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

Domingo del buen pastor “escuchar la voz que da sentido”

Cada año, en el cuarto domingo de Pascua, la Iglesia celebra el llamado Domingo del Buen Pastor, una jornada que pone en el centro la figura de Jesucristo como guía, custodio y modelo de entrega. No se trata solo de una imagen entrañable, sino de una clave profundamente actual, en un mundo marcado por la confusión, el ruido y la prisa, la pregunta decisiva sigue siendo la misma, ¿a quién escuchamos?

Este domingo tiene además un acento universal, se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, instituida por Pablo VI. En ella, toda la Iglesia se une para pedir a Dios el don de nuevas vocaciones y para despertar en todos los fieles una conciencia vocacional más viva.

El Evangelio proclamado en este día, tomado del capítulo 10 del Evangelio de Juan, nos ofrece una de las afirmaciones más profundas de Jesús: “Yo soy el Buen Pastor; conozco a mis ovejas y las mías me conocen”. Aquí no hay una relación distante, sino una comunión de vida.

Cristo no guía desde fuera, conoce, llama por el nombre y camina delante.

UNA REFLEXIÓN DESDE EL EVANGELIO

El texto evangélico subraya tres rasgos del Buen Pastor, conoce, llama y da la vida. Frente a los “extraños” que dispersan o confunden, Cristo es quien unifica y orienta. La voz del pastor no compite con el ruido, se distingue por su verdad. Y como a una niña de catequesis se le preguntaba, ¿por qué no escuchamos la voz de Dios?, y ella respondía, “es que Dios habla quedito”, como invitando al silencio y escucha orante de la Palabra de Dios.

Para los fieles laicos, esta imagen no es pasiva. No somos un rebaño sin criterio, sino una comunidad llamada a discernir la voz de Dios en la vida cotidiana, en la familia, el trabajo, las decisiones difíciles, el servicio a los demás. Escuchar al Buen Pastor implica formar la conciencia, cultivar la oración y vivir con coherencia.

Hoy más que nunca, el laico está llamado a ser también eco de esa voz en medio del mundo, en ambientes donde muchas veces Dios está ausente o silenciado. La vocación laical no es de segundo nivel; es misión concreta en la transformación cristiana de la sociedad.

LA VOCACIÓN, UNA RESPUESTA QUE DA PLENITUD

En muchas regiones —también en Ciudad Obregón— se percibe la necesidad de más vocaciones. Pero más profundamente, se percibe la necesidad de corazones disponibles. Toda vocación nace del encuentro con Cristo y crece en la alegría del servicio.

Hoy observamos que muchas vocaciones al matrimonio se disciernen y concretan en etapas más avanzadas de la vida. No es raro que los jóvenes lleguen a los 30 años —o más— antes de dar ese paso. Más que hablar de retraso, conviene entenderlo como procesos más largos de maduración y discernimiento, donde influyen los estudios, el desarrollo profesional y las experiencias personales. En este contexto, el matrimonio aparece no como una meta inmediata, sino como una vocación que se va clarificando con el tiempo. Lejos de ser un problema en sí mismo, este fenómeno puede leerse como una oportunidad para asumir con mayor conciencia y libertad el llamado a amar.

Por eso, es necesario invitar a los jóvenes —ya sea en la universidad o plenamente insertos en su vida profesional— a no cerrar la pregunta vocacional. La vida no se agota en los logros académicos o laborales; en medio de ellos, Dios sigue llamando con discreción, pero con firmeza. La vocación no está sujeta a calendarios rígidos, sino a la disponibilidad del corazón para escuchar y responder. También hoy, en medio de agendas ocupadas y proyectos personales, es posible descubrir un llamado más profundo. La vocación no llega tarde; llega cuando se le escucha.

MARÍA, MODELO DE TODA VOCACIÓN

No se puede hablar de vocación sin mirar a Virgen María. En ella encontramos la respuesta perfecta, “Hágase en mí según tu palabra”. María no entendió todo desde el inicio, pero confió plenamente.

Ella enseña que la vocación no es primero un proyecto humano, sino una obra de Dios acogida con fe. Por eso, es Madre y modelo de todas las vocaciones: acompaña, sostiene y forma discípulos. Donde está María, hay apertura a la voluntad de Dios.

GRATITUD POR NUESTROS PASTORES

Este domingo es también ocasión para mirar con gratitud a tantos sacerdotes que han entregado su vida con generosidad. En nuestra diócesis, muchos han sido verdaderos reflejos del Buen Pastor, hombres cercanos, servidores silenciosos, testigos fieles en medio de alegrías y dificultades.

Algunos siguen en activo; otros han partido ya a la Casa del Padre. Pero todos han dejado huella. Su ministerio no se mide en estadísticas, sino en vidas tocadas, sacramentos celebrados, consuelos ofrecidos, comunidades edificadas.

Una Iglesia agradecida es también una Iglesia fecunda. Reconocer el don de nuestros sacerdotes es sembrar esperanza para nuevas vocaciones. Gracias a los Padres diocesanos que nos administran los sacramentos a nombre de Jesús, sumo y eterno sacerdote… Gracias Padres Religiosos; que, desde su carisma particular, comparten la gracia que el Espíritu Santo ha inspirado en sus fundadores. Gracias Señor Párroco, llamado a ser Cura de nuestras almas… y finalmente, ¡Gracias Padre Ismael Figueroa MAP!, por tu ejemplo de servicio por los necesitados, tu sencillez, alegría y entrega de amor.

UNA ORACIÓN QUE SE HACE CAMINO

El Domingo del Buen Pastor no puede quedarse en reflexión, debe convertirse en súplica confiada. La Iglesia siempre ha crecido cuando ha orado.

A continuación, la oración por las vocaciones, que localmente rezamos al final de misa, en sintonía con la que se acostumbra rezar en nuestra diócesis: “Oh Jesús, Pastor eterno de las almas, dígnate mirar con ojos de misericordia, a esta porción de tu grey amada. Señor, estamos en gran necesidad, danos vocaciones, danos sacerdotes, religiosos, laicos y familias santas.

Te lo pedimos por la Inmaculada Virgen María de Guadalupe, tu dulce y santa madre.

Oh Jesús, danos vocaciones Santas, según tu corazón”.

Amén.

En medio de tantas voces que prometen caminos fáciles, el Buen Pastor sigue hablando. No ha dejado de llamar.

La pregunta sigue siendo la misma: ¿estamos dispuestos a escuchar?