Una impresionante lista de países figura entre los que deberán pagar aranceles por su entrada al mercado de Estados Unidos. Desde la víspera se esperaba algo así. Pero, sin duda, la realidad terminó por rebasar todas las suposiciones. No en balde se reconoce que, el miércoles anterior, el presidente Donald Trump asestó un duro golpe al sistema mundial de comercio.
Quedó en claro que tal sistema recibió el shock más fuerte que ha experimentado en casi un siglo, y todo por su decisión de imponer aranceles recíprocos a los productos importados a Estados Unidos. Con su decisión, Trump arremetió casi contra todo mundo, fijando un arancel de 10% con dos excepciones: México y Canadá. A un país como China le cargó la mano al aplicarle un pago del 34%.
El caso mexicano llama la atención por las reales o aparentes contradicciones que le singularizan. Ciertamente, Trump ratificó el trato preferencial a buena parte de los productos importados a Estados Unidos desde México (y Canadá), pero al mismo tiempo aprobó la puesta en curso de lo que se conoce como aranceles punitivos contra ni más ni menos que la mitad de las exportaciones mexicanas al país vecino. Hay productos mexicanos que se podrán beneficiar de la llamada Tasa Cero para ingresar a Estados Unidos. Pero se trata sólo de los que se exportan al amparo del Tratado de Libre Comercio.
En otro dato igualmente contradictorio, un 50.2% de las exportaciones mexicanas al país vecino deberán cubrir un arancel de 25% por efectuarse bajo el régimen de nación más favorecida. Ese mismo porcentaje deberá ser cubierto también en tratándose del acero y el aluminio. Todo lo anterior significa, según esto, que hay un trato preferencial para México. ¿Cómo serían realmente las cosas si ese trato no existiera?
El caso es que el mandatario norteamericano cumplió el miércoles una especie de cita con la historia y con él mismo. Trump suele quejarse de que su país ha sido objeto de abusos que ya no ocurrirán. Quién sabe cómo se le hará para cometer abusos en perjuicio de la primera potencia del mundo. La verdad es que las cosas han debido ser precisamente al revés. Trump pretende hacer creer que en todos lados hay una especie de conjura contra su país. Pero no toma en cuenta como éste se ha beneficiado de su eminente y privilegiada condición de potencia.
Es buena la noticia de que prácticamente no habrá aranceles para México, por lo menos en lo inmediato. El problema es que esta buena nueva la complementó con otra quizá no tanto, y es la que tiene que ver con la posible terminación del Tratado de Libre Comercio. Este no es un hecho consumado. Sin embargo, Trump dijo que pedirá la ayuda del Congreso de Estados Unidos para llevar a cabo ese proyecto en contra de del TLC. Dado como siempre a la exageración, dijo que tal "es el peor acuerdo de nuestra historia". ¿Quién entiende a este personaje? La pregunta no es ociosa ni carente de seriedad.
De suyo dado a la grandilocuencia, Trump dijo ayer: "Este es uno de los días más importantes en la historia de nuestro país: estamos declarando nuestra independencia económica". Dijo también que su país ha sido estafado y robado por décadas. Reveló que subsidian a muchos países, entre los que mencionó a México y Canadá. Muy en sintonía con su retórica, decretó lo siguiente: "El 2 de abril será recordado como el día en que le devolvemos la prosperidad a Estados Unidos". En síntesis, habló de una declaración de independencia económica.
¿Qué países pagarán los aranceles más altos decretados por Estados Unidos? China cubrirá 34%, la Unión Europea 20%, Japón 24% y la India 26%. La base arancelaria será de 10% que regirá para todo mundo. Así estuvo, entonces, un día como el miércoles anterior, tan esperado por lo que pudiera ocurrir en la Casa Blanca. En estas alturas está todo claro. Una política arancelaria generalizada. He aquí la clave del quehacer que desplegará el todavía casi recién llegado a la Casa Blanca.
Por lo menos eso es lo que cabe suponer que será, habida cuenta del fervor y la vehemencia con que la planteó el presidente norteamericano. Habrá que fijarse en las reacciones que ya empezaron a generarse.
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