Ciudad Obregón vive momentos de tristeza tras confirmarse el fallecimiento del padre Ismael Figueroa, sacerdote ampliamente querido y respetado por la comunidad, cuya partida ha generado una profunda conmoción entre fieles, amigos y familias que durante años encontraron en él una guía espiritual cercana y constante.
La noticia fue dada a conocer luego de que el religioso enfrentara una enfermedad que deterioró severamente su estado de salud en las últimas semanas. Su muerte representa una pérdida significativa para la Iglesia local y para cientos de personas que lo consideraban mucho más que un sacerdote: un consejero, un amigo y un hombre de fe ejemplar.
ASÍ VIVIÓ SUS ÚLTIMOS DÍAS
En los días previos a su fallecimiento, el hermano del sacerdote compartió que el padre Ismael enfrentó su condición con serenidad absoluta, plenamente consciente de la gravedad de su estado y preparado espiritualmente para su partida.
De acuerdo con su testimonio, el religioso pidió expresamente que no se orara por su recuperación, sino por su encuentro con Dios, dejando ver la profunda convicción espiritual con la que asumió el final de su vida.
"Estoy esperando que mi cuerpo sea separado de mi alma", expresó el sacerdote, según relató su familiar, en una frase que conmovió profundamente a quienes lo acompañaron en sus últimos momentos.
Pese a su delicado estado de salud, permaneció consciente y permitió que personas cercanas acudieran a despedirse de él mediante visitas breves, realizadas bajo medidas específicas para proteger su bienestar físico durante esos días.
UN LEGADO QUE PERMANECERÁ EN LA MEMORIA DE OBREGÓN
La comunidad ha comenzado a despedir al padre Ismael con múltiples mensajes de afecto y gratitud en redes sociales, donde fieles destacan su humildad, su sencillez y la cercanía con la que ejerció su ministerio durante toda su vida.
Su hermano recordó que el sacerdote prefería trasladarse en transporte público para convivir con la gente, visitaba enfermos constantemente y llevaba siempre su sotana como símbolo de entrega total a su vocación.
Hoy, Ciudad Obregón no solo lamenta la muerte de un sacerdote, sino la partida de una de las figuras religiosas más queridas de la región. Su legado de fe, servicio y humanidad permanecerá vivo en cada persona a la que acompañó y en cada vida que transformó con su palabra.




