El santoral de la Iglesia Católica celebra a San Apolinar, primer obispo de Rávena, en Italia, y uno de los mártires más venerados de los primeros siglos del cristianismo. Su vida estuvo marcada por la predicación del Evangelio, la persecución y una firme fidelidad a su fe, convirtiéndose en patrono de la ciudad de Rávena y de la región de Emilia-Romaña.
El Martirologio Romano lo recuerda como el obispo que anunció "las insondables riquezas de Cristo" entre los gentiles, guiando a su comunidad como un buen pastor y alcanzando finalmente el martirio en Classe, cerca de Rávena.
Según la tradición cristiana, San Apolinar nació en Antioquía, en la actual Turquía, donde se convirtió en discípulo de San Pedro. Posteriormente, el apóstol lo habría enviado como obispo a Rávena para difundir el mensaje de Cristo entre sus habitantes.
Su intensa labor evangelizadora dio lugar a numerosas conversiones, pero también despertó la hostilidad de las autoridades civiles y del Imperio romano. Debido a ello, fue desterrado en varias ocasiones y sufrió constantes persecuciones.
Durante uno de sus exilios naufragó frente a las costas de Dalmacia, donde fue capturado y castigado por profesar abiertamente la fe cristiana. A pesar de las torturas y expulsiones, regresó en repetidas ocasiones a Rávena para continuar con su misión pastoral.
La tradición señala que San Apolinar fue arrestado, torturado y desterrado en tres ocasiones. Finalmente, durante el gobierno del emperador Vespasiano, quien había decretado el destierro de los cristianos, fue descubierto y murió tras ser golpeado por una multitud.
San Pedro Crisólogo, quien siglos después ocupó la sede episcopal de Rávena, lo reconoció como mártir y destacó que Dios preservó su vida durante largo tiempo para fortalecer a la Iglesia naciente.
PATRONAZGO DE SAN APOLINAR
Además de ser patrono de Rávena y de Emilia-Romaña, San Apolinar es considerado un poderoso intercesor contra enfermedades como la gota, la epilepsia y otros padecimientos. En el arte cristiano suele representarse con vestiduras episcopales, la palma del martirio y el palio, símbolos de su ministerio y de su entrega hasta la muerte por la fe.





