En los últimos años, las olas de calor han sido señaladas como un riesgo creciente para la salud humana. Más allá de efectos como deshidratación o golpes de calor, también han surgido dudas sobre su posible impacto en la fertilidad masculina.
IMPACTO DEL CALOR EN LA CALIDAD DEL SEMEN
Diversos estudios han encontrado que la exposición a altas temperaturas durante la formación de los espermatozoides puede reducir su número, movilidad y alterar su morfología.
Investigaciones realizadas en Argentina mostraron que hombres expuestos a olas de calor registraron una menor cantidad de espermatozoides móviles en comparación con quienes no estuvieron sometidos a estas condiciones.
Sin embargo, especialistas de la UNAM, como el doctor Ramón Lozano Calderón, señalan que estos efectos suelen ser temporales y dependen de la intensidad y duración del calor. El cuerpo humano cuenta con mecanismos de regulación térmica, especialmente en los testículos, cuya estructura permite mantener una temperatura inferior a la corporal para proteger la producción espermática.

EXPOSICIÓN EXTREMA Y OTROS FACTORES CLAVE
La evidencia experimental indica que el calor puede afectar la fertilidad cuando la exposición es intensa y constante. Un estudio en China demostró que someter a voluntarios a temperaturas de 43 °C durante periodos prolongados redujo la concentración y movilidad de los espermatozoides, además de dañar su ADN.
Este escenario difiere de las olas de calor naturales, que suelen ser menos prolongadas. De hecho, en regiones con climas cálidos extremos, como zonas desérticas, no se observa una disminución significativa en la natalidad.
Los expertos subrayan que la calidad del semen está influenciada por múltiples factores, entre ellos desequilibrios hormonales, problemas de salud sexual, estrés, consumo de alcohol o drogas, sobrepeso y el uso de ropa ajustada que eleva la temperatura testicular.
En conclusión, aunque las olas de calor pueden tener un efecto en la fertilidad masculina, no son el factor determinante. Aun así, en el contexto del cambio climático, se vuelve fundamental continuar investigando cómo el aumento de temperaturas podría influir en la salud reproductiva a largo plazo.




