Cada 22 de julio se conmemora el Día Internacional del Trabajo Doméstico, una fecha dedicada a reconocer la importancia de las actividades realizadas dentro de los hogares y a visibilizar el aporte de millones de personas que se dedican a estas labores, tanto de manera remunerada como no remunerada.
Esta conmemoración surgió en 1983 durante el Segundo Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, celebrado en Lima, Perú, donde organizaciones y activistas impulsaron la necesidad de dar mayor reconocimiento al trabajo que históricamente ha sido realizado, en gran medida, por mujeres.
El objetivo de esta fecha es destacar el valor económico y social de tareas como la limpieza, la preparación de alimentos, el cuidado de niñas, niños, personas mayores o con discapacidad, así como otras actividades indispensables para el funcionamiento de los hogares y de la sociedad.
En el caso del trabajo doméstico remunerado, el día también busca promover el respeto a los derechos laborales, el acceso a la seguridad social, salarios dignos y condiciones de trabajo justas.
Diversos organismos internacionales han señalado que estas labores son fundamentales para la economía, aunque durante muchos años permanecieron invisibilizadas o sin el reconocimiento adecuado.
En México y otros países de América Latina se han impulsado avances legales para fortalecer la protección de las personas trabajadoras del hogar, incluyendo su incorporación a sistemas de seguridad social y el reconocimiento de sus derechos laborales.
Más allá de una conmemoración, el 22 de julio representa una oportunidad para reflexionar sobre la importancia del trabajo doméstico y de cuidados, actividades esenciales que sostienen la vida cotidiana y contribuyen al bienestar de millones de familias.





