La historia del agente de la Policía Estatal, Rubén Alfonso Ríos León, ha generado profunda conmoción en Sonora, no solo por las circunstancias de su fallecimiento, sino por el gesto que dejó como última voluntad, en el que pide que en su funeral no se llevaran flores, sino croquetas para alimentar a perros en situación de abandono.
El elemento policiaco perdió la vida el pasado viernes 15 de mayo tras un ataque armado ocurrido en Ciudad Obregón, mientras participaba en un operativo en la colonia Matías Méndez. Sin embargo, su despedida estuvo marcada por un acto de amor hacia los animales que, de acuerdo con su familia, lo acompañó durante toda su vida.
POLICÍA DE SONORA DEJA ÚLTIMA VOLUNTAD QUE CONMUEVE A CIUDAD OBREGÓN
De acuerdo con testimonios de sus seres queridos, Rubén Ríos no solo destacó por su labor en materia de seguridad, sino también por su constante compromiso con el rescate y cuidado de perros en situación de calle. Su hija, Yaritza Ríos, recordó que su padre solía detenerse en cada viaje para comprar alimento para animales abandonados.
“Aparte de que le encantaba su trabajo, también compartía la pasión de ayudar a los animalitos… cada que íbamos en carretera siempre se paraba en una tienda a comprar croquetas”, compartió.
La joven también relató que, en cada base policial donde fue asignado, su padre buscaba la forma de cuidar a los perros que encontraba, e incluso intentaba encontrarles un hogar. “Desde que tengo uso de razón, siempre hemos tenido un compañero de cuatro patitas en casa”, añadió.
Tras su fallecimiento, familiares, compañeros y amigos cumplieron su última voluntad durante su funeral realizado entre el sábado y domingo en su tierra natal. En lugar de coronas fúnebres, se reunieron sacos de croquetas que fueron llevados por al menos dos patrullas, con alimentos de distintos pesos, que posteriormente fueron clasificados para perros adultos, cachorros y distribuidos por municipio.
Las donaciones serán destinadas a refugios y asociaciones protectoras de animales en Sonora, con el objetivo de dar continuidad al legado de ayuda que dejó el agente.
La familia Ríos expresó su deseo de que este gesto trascienda y motive a más personas a apoyar a los animales en situación de abandono. “No quiero flores, quiero croquetas”, fue la frase que hoy, más allá de su despedida, se ha convertido en un mensaje de empatía y solidaridad que ha conmovido a la comunidad.




