Cada año, entre finales de invierno y primavera, Álamos se llena de color gracias a la floración de las amapas (Tabebuia rosea). Estos árboles, reconocidos por sus flores rosas y su amplia copa, no solo embellecen el paisaje urbano y rural, sino que también brindan sombra, refugio para aves y polinizadores, y un atractivo turístico que combina naturaleza y patrimonio histórico.
Desde puntos panorámicos como el mirador de La Cacharamba, los visitantes pueden apreciar cómo estas flores se destacan entre los techos coloniales y la Sierra Madre Occidental, ofreciendo vistas espectaculares del centro histórico y sus alrededores. La floración convierte al pueblo en un mosaico natural, donde la vegetación y la arquitectura se mezclan armoniosamente.
La presencia de las amapas no solo es ornamental. Su sombra ayuda a regular la temperatura en días calurosos y fortalece la identidad visual de Álamos. Además, su madera ha sido usada históricamente en la construcción de vigas resistentes a termitas en las casas centenarias del municipio, muchas de las cuales aún se conservan intactas.
Conocidas también como apamates o maculís, las amapas tienen múltiples nombres y significados: su denominación proviene del náhuatl y hace referencia a sus hojas compuestas y flores de cinco lóbulos. La especie Tabebuia rosea se distingue por su floración rosa-lavanda, que puede variar hasta tonos casi blancos con cuello amarillo, y sus frutos cilíndricos que contienen semillas aladas, facilitando su reproducción natural.
LAS AMAPAS ESTÁN PROTEGIDAS POR LA LEY
Su uso ornamental es amplio: parques, camellones y jardines se benefician de su estética y sombra. Sin embargo, es importante destacar que las amapas son especies protegidas por la ley. Talarlas sin permiso es un delito federal en México, con sanciones que incluyen multas millonarias y hasta seis años de prisión. La protección de estas especies asegura que futuras generaciones también puedan disfrutar de su esplendor.
¿CUÁNDO FLORECEN?
La floración de las amapas en Álamos se extiende típicamente de febrero a junio, durante los cuales los árboles pierden su follaje y despliegan sus flores en racimos que adornan calles, cerros y carreteras, como la ruta Álamos-Navojoa, donde los cerros se tiñen de rosa-morado, creando un verdadero espectáculo natural.
Entre los habitantes y artistas locales, las amapas también han dejado su huella cultural. Por ejemplo, su color inspiró la beca de la estudiantina Dr. Alfonso Ortiz Tirado y ha sido plasmado en obras literarias como "El color de las amapas", del escritor sonorense Ignacio Lagarda.
La Amapa rosa es, sin duda, uno de los tesoros naturales más representativos de Álamos, un símbolo que combina belleza, historia, biodiversidad y tradición, consolidando al Pueblo Mágico como un destino que maravilla a todos quienes lo visitan.




