Un México seguro SÍ es POSIBLE. ¡Hay que creer!

Durante años, la conversación se ha centrado en lo que falta, en lo que duele y en lo que no funciona

Un México seguro SÍ es POSIBLE. ¡Hay que creer!

Hablar de seguridad en el país suele llevarnos, casi de manera automática, al terreno de la confrontación política, es decir, echarles culpas a unos a otros, al Gobierno, a las administraciones pasadas, partidos, entre otros actores, y al final, se termina convirtiendo la conversación en un "cuento de no acabar", donde de repente encontramos a muchos expertos de seguridad, haciendo ver a este tema como algo sencillo, cuando no lo es.

Durante años, la conversación se ha centrado en lo que falta, en lo que duele y en lo que no funciona. Pero vale la pena plantear la pregunta desde otro lugar: ¿es posible un México seguro? Claro que sí.

Más que empeñarnos en acumular argumentos sobre lo negativo, necesitamos asumir, como sociedad, que la seguridad también es una meta alcanzable. Creérnosla cambia la narrativa: dejamos de preguntarnos únicamente en qué estamos mal para empezar a construir, entre todos, cómo lograr el país que queremos, desde la casa, el trabajo, comunidad, entre otros.

El cambio del país también comienza en lo cotidiano. Empieza en la madre o el padre que decide formar a sus hijas e hijos con valores, en el docente que dentro del aula siembra la idea de una sociedad justa e íntegra, y en esas conversaciones entre amigos donde, en lugar de normalizar o idolatrar videos y fotos que glorifican la violencia y el crimen, se rechazan y no se comparten.

En mi criterio, creo firmemente que la seguridad no se construye únicamente desde las instituciones; se construye desde la cultura que promovemos, desde la empatía que practicamos y desde la preocupación genuina por el otro. Ahí, en esos espacios aparentemente pequeños, comienza la transformación de un país. Sí, en tu casa, estimado lector, empieza el cambio de México. Sí, en tu trabajo es posible construir un entorno distinto. Sí, en el gesto de ayudar a quien encuentras en la esquina se siembra también la seguridad que anhelamos.

La seguridad no es únicamente una estrategia operativa de elementos y patrullas; es una construcción social que comienza mucho antes del delito y termina mucho después de las sentencias. Primero, la prevención, un país que invierte en educación integral (programas que impacten desde el aula, pero también desde el hogar), en espacios públicos, en sus deportistas, en arte y en acceso a oportunidades reduce los incentivos de la violencia y fortalece la convivencia.

El respeto a la ley, la cultura de la legalidad, la responsabilidad social y la empatía no nacen en las instituciones; nacen en casa, desde el ejemplo que padres de familia inculcan a sus hijos.

Segundo, dignificar a quienes nos cuidan, México necesita que ser policía, elemento de la Guardia Nacional, integrante de las Fuerzas Armadas, ministerio público o juez vuelva a ser una aspiración de vida y un motivo de ORGULLO. Eso implica mejores sueldos, condiciones laborales justas, capacitación permanente, reconocimiento social y sobre todo, una narrativa pública que reivindique el servicio a la nación.

Tercero, uso estratégico de la tecnología y la colaboración internacional, la seguridad hoy es un fenómeno global: el tráfico de armas y drogas, el flujo financiero ilícito, los delitos cibernéticos y las redes criminales no reconocen fronteras. Por ello, la cooperación con otros países, el intercambio de inteligencia y la adopción de herramientas tecnológicas son elementos clave para construir una agenda de seguridad moderna y eficaz. Y aquí hago una aclaración, no me refiero a intervenciones, me refiero a cooperación por objetivos globales en común.

Cuarto, coordinación entre educación, seguridad pública y poder judicial, la paz no depende de una sola institución; depende de un Estado que funcione de manera articulada. Y en el fondo, hay una pregunta cultural que debemos hacernos como sociedad, ¿Cuáles son los valores que queremos que definan a México?, la solidaridad, el respeto, el trabajo, la honestidad, el sentido de comunidad y el compromiso con el bien colectivo han sido históricamente rasgos que nos distinguen.

Sí, es posible un México seguro, pero no será resultado de una sola estrategia, de un solo Gobierno o de una sola institución. Será el resultado de una decisión colectiva, la de poner al Centro el bien común, dignificar el servicio público, educar para la legalidad y asumir que la seguridad es una tarea compartida.

En conclusión, no podemos esperar resultados distintos si seguimos actuando de la misma manera. Como ciudadanía, permanecer detrás del celular consumiendo transmisiones de hechos lamentables, compartiendo contenidos violentos o convirtiendo todo en un meme mientras esperamos que el Gobierno, por sí solo, devuelva la paz a cada rincón del país, es un camino equivocado.

Debemos asumir nuestra parte: ser, todos los días, el mexicano que aspiramos encontrar en los demás. El padre o la madre que educa con valores, el compañero de trabajo que construye comunidad, la persona que actúa con empatía en las calles, el ciudadano que entiende que desde su propia trinchera puede transformar su país.

Con esa mentalidad no creo, estoy SEGURO de que México vivirá en paz.