Problemas urbanos que ya no pueden pensarse por separado

Durante décadas, la ciudad se expandió bajo un modelo disperso y dependiente del automóvil particular

Problemas urbanos que ya no pueden pensarse por separado

Hablar de una ciudad no significa únicamente hablar de calles, edificios o automóviles. En términos urbanos, una ciudad es una compleja red de relaciones sociales, ambientales, económicas y territoriales que condicionan la manera en que habitamos, convivimos y proyectamos nuestro futuro común. Por ello, los llamados "problemas urbanos" no son simples fallas aisladas de infraestructura o administración pública: son procesos interconectados que afectan directamente la calidad de vida de la población.

En Hermosillo, una ciudad marcada por el crecimiento acelerado y las condiciones extremas de un entorno cálido-seco existen, en opinión de quien escribe, al menos cinco problemas urbanos cuya persistencia compromete seriamente la habitabilidad presente y futura.

El primero, y probablemente el más visible para la ciudadanía, es la crisis de movilidad urbana. Durante décadas, la ciudad se expandió bajo un modelo disperso y dependiente del automóvil particular. El resultado es conocido: largos tiempos de traslado, congestionamientos crecientes, transporte público insuficiente y una infraestructura poco amigable para peatones y ciclistas. Este problema no solo afecta la eficiencia cotidiana; también incrementa costos familiares, estrés urbano y emisiones contaminantes.

En segundo lugar -por el momento- aparece la escasez y la gestión deficiente del agua. Hermosillo se encuentra en una región donde el acceso al recurso hídrico siempre ha sido un asunto estratégico. Sin embargo, el crecimiento urbano extensivo, las pérdidas en redes de distribución, la sobreexplotación de acuíferos y el aumento de temperaturas intensifican la vulnerabilidad hídrica. La problemática del agua no es únicamente técnica: posee profundas implicaciones sociales y territoriales.

El tercer problema es el déficit de planeación urbana integral. En numerosos sectores de la ciudad persiste un crecimiento fragmentado, donde vivienda, servicios, empleo y equipamiento urbano aparecen desconectados entre sí. Esto genera desigualdades territoriales evidentes: mientras algunas zonas concentran inversión y servicios, otras enfrentan rezagos en infraestructura básica, notoriamente, en materia de espacios públicos y conectividad.

En cuarto lugar, se encuentra el deterioro ambiental y climático urbano. Hermosillo experimenta temperaturas cada vez más extremas, agravadas por la escasez de áreas verdes, la pavimentación excesiva y la reducción de superficies permeables. Las llamadas "islas de calor" afectan la salud pública, incrementan el consumo energético y vuelven más hostil el espacio urbano, especialmente para adultos mayores, niñas, niños y personas trabajadoras expuestas al exterior.

Finalmente, el quinto problema es la fragilidad del espacio público y de la cohesión comunitaria. Una ciudad donde los parques, banquetas y plazas se deterioran o se perciben inseguros reduce sus posibilidades de convivencia y participación ciudadana. Cuando el espacio común pierde calidad, también se debilitan las relaciones sociales que sostienen la vida urbana democrática.

Lo más importante es comprender que estos problemas no operan de manera independiente. La expansión urbana dispersa aumenta las distancias y la dependencia del automóvil; ello incrementa contaminación y calor urbano. A su vez, la falta de áreas verdes agrava los efectos climáticos y disminuye la captación de agua. Las desigualdades territoriales dificultan el acceso equitativo a servicios, mientras el deterioro del espacio público desalienta la participación social necesaria para exigir mejores políticas urbanas.

Si las cosas continúan como hasta ahora, los hermosillenses podrían enfrentar una ciudad cada vez más costosa, desigual y climáticamente adversa a pocos años vista. Los tiempos de traslado seguirán creciendo; el estrés hídrico será más severo; las temperaturas extremas afectarán con mayor intensidad la salud y productividad; y la fragmentación social profundizará la percepción de abandono urbano.

Pero existe otro escenario posible. Cuando las ciudades actúan con visión de largo plazo, fortalecen simultáneamente movilidad sustentable, gestión eficiente del agua, planeación territorial, infraestructura verde y recuperación del espacio público. Ello no elimina inmediatamente los problemas, pero sí permite construir ciudades más resilientes, compactas, accesibles y socialmente integradas.

En este sentido, ninguna solución será suficiente si permanece limitada únicamente a decisiones gubernamentales aisladas o a respuestas temporales. La complejidad urbana exige participación social informada y continua. Ya funcionan, por ejemplo, consejos ciudadanos vinculados con universidades, colegios profesionales y autoridades municipales, donde se identifican problemáticas específicas y se proponen intervenciones puntuales; también han emergido diversos colectivos ciudadanos que, mediante acciones concretas, como la reforestación con especies nativas y estrategias de infraestructura verde, permiten vislumbrar esperanzas. Muy importante es también educar a la ciudadanía en la cultura de la evaluación pública y constante de los resultados mediante mecanismos abiertos y periódicos.

Por supuesto, lo antes descrito no es privativo en absoluto de esta urbe; pero si bien se trata de problemáticas que aquejan a muchas ciudades medias del planeta, no por ello debemos resignarnos y afirmar que es el precio a pagar por la modernidad, o algún otro lugar común similar. Hermosillo necesita urgentemente construir una cultura urbana capaz de comprender que la habitabilidad no depende de una sola obra o administración, sino de decisiones colectivas planificadas y sostenidas en el tiempo. La ciudad que hoy se tolera es, inevitablemente, la ciudad que mañana se hereda.

*Profesor-investigador titular del Departamento de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Sonora, campus Hermosillo. Egresado de la maestría de El Colegio de Sonora.


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