México y Filipinas: Raíces comunes y paralelos del desarrollo

"Compartimos los mismos colonizadores"

México y Filipinas: Raíces comunes y paralelos del desarrollo

A principios de mes viajé a Filipinas como becario de un programa de formación para académicos, liderado por el Dr. Manuel Serapio, director del Instituto para Negocios Internacionales de la Universidad de Colorado. El enfoque se centró en la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) en el contexto de la economía global. Más allá del intercambio académico y las interacciones con líderes del sector público y privado, la experiencia reveló las coincidencias entre dos países geográficamente lejanos, pero conectados por profundos hilos históricos.

Desde el siglo XIV, México y Filipinas dieron origen al comercio transpacífico. Entre 1565 y 1815, el Galeón de Manila conectó los puertos de Acapulco y Manila, en la primera ruta comercial continua entre América y Asia. El origen de la China Poblana en México y su vestimenta son un resultado directo de este flujo colonial. Durante este cuarto de milenio, Filipinas fue gobernada desde la Ciudad de México como parte del Virreinato de la Nueva España. Este vínculo trasladó cultivos americanos como el maíz, el tomate y el cacao a Filipinas. A su vez, los marinos filipinos introdujeron en México técnicas de destilación en alambiques, fundamentales para el desarrollo comercial del tequila y el mezcal.

El idioma tagalo (la base del filipino moderno) adoptó incluso docenas de palabras de origen náhuatl: camote se convirtió en kamote, zapote en tsiko y aguacate en abocado. Palabras como tianguis pasaron a ser tiangge, y petate se transformó en banig. Asimismo, el tagalo adoptó los términos tata y nana con el significado de "padre" y "madre", conservando la raíz original del náhuatl (tatah y nana), a diferencia de México donde hoy refieren a los abuelos.

La evangelización de Filipinas se realizó desde México. El Nazareno Negro de Quiapo, en Manila, es una de sus devociones principales y su procesión anual es una de las manifestaciones de fe pública más masivas del mundo. El Nazareno es una estatua de madera realizada por un artesano azteca y llevada a las islas en 1606. En 2002, la Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas nombró a la Virgen de Guadalupe "Patrona de la Vida" y, este 13 de junio, la Catedral de Manila recibió una réplica de la tilma de San Juan Diego. La réplica, proveniente de la Basílica de Guadalupe, inició una peregrinación nacional de seis meses por más de 50 iglesias filipinas.

"Compartimos los mismos colonizadores", me comentó una colega filipina, y no se refería solo a los españoles. Cuando Filipinas declaró su independencia en 1898, en plena guerra hispano-estadounidense, Washington desconoció su soberanía y anexó el archipiélago. Como México, Filipinas sufrió una invasión estadounidense con decenas de miles de muertes civiles. La historia, sin embargo, resolvió el agravio en una paradoja; hoy ambos países son socios vitales de Estados Unidos.

UBICACIÓN PRIVILEGIADA, MUCHO COMERCIO Y POCA LEY

Filipinas comprende 7,641 islas en el Sudeste Asiático. Su ubicación entre el noreste de Asia y el estrecho de Malaca (que supera por mucho a Ormuz en volumen comercial) forma un colosal eje geoestratégico. Por ahí transita casi un tercio del comercio mundial y el petróleo y gas natural licuado (GNL) para China. En el hemisferio occidental, el principal eje comercial terrestre es la frontera México-EE.UU., de 3,141 kilómetros, el mayor corredor bilateral del mundo.

Ambos países son miembros la APEC y exportan principalmente a EE.UU. Sin embargo, China provee el 32.6% de las importaciones filipinas (2025), mientras el 37.6% de las compras mexicanas provienen de EE.UU. En servicios globales, Filipinas es una potencia en la subcontratación de procesos de negocios (BPO), aportando casi 7% del PIB y exportaciones récord de US $40,000 millones en 2025. México expande un modelo similar mediante el nearshoring, atrayendo Inversión Extranjera Directa para integrarse a las cadenas de suministro norteamericanas.

Ambos enfrentan la corrupción estructural. En el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2025. Entre los 182 países evaluados, Filipinas ocupa el lugar 120 (32/100 puntos) y México el 141 (27/100). En 2015, los dos países empataban en la posición 95 con 35 puntos. Pero la erosión institucional no es exclusiva de economías emergentes; en el mismo periodo, Estados Unidos descendió de la posición 16 (76 puntos) a la 29 (64 puntos), evidenciando un deterioro global de la confianza en las instituciones.

Esta debilidad institucional facilita el crimen y la impunidad. Según el Índice Global de Crimen Organizado 2025 (193 países evaluados), México registra 7.68/10 en criminalidad (tercer lugar mundial). Filipinas tiene 6.57 (puesto 33), lo que evidencia la persistencia de redes ilícitas transnacionales. A diferencia de México, la tasa de homicidios filipina disminuyó notablemente tras la violencia de su pasada "guerra contra las drogas". No obstante, ambas naciones comparten una profunda ineficacia judicial.

México y Filipinas capitalizan las tensiones geopolíticas actuales: México como fábrica de proximidad para Estados Unidos y Filipinas como núcleo administrativo de Occidente. Su verdadero obstáculo no es la competitividad, sino la captura y debilidad de sus instituciones. La subcontratación y el nearshoring continuarán generando riqueza, pero sin un sólido Estado de Derecho, estos recursos financiarán la opacidad que mantiene el subdesarrollo.

El Dr. Castro fue consejero externo para el Gobierno Mexicano y presidente de la comisión de asuntos fronterizos del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME). Ha sido catedrático, decano y vicerrector para desarrollo internacional en Pima College de Tucson, Arizona.

rikkcs@gmail.com


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