El estadio vibraba. Miles de gargantas cantaban al unísono mientras la Selección Mexicana conseguía su tercer triunfo consecutivo en la fase de grupos del Mundial. Los jugadores levantaban los brazos, la afición celebraba y millones de mexicanos compartíamos la alegría de ver a nuestro país avanzar con paso firme hacia la siguiente etapa. Más allá del marcador, el futbol nos recordó una lección que también aplica para la vida y para los negocios: los grandes resultados son consecuencia de la disciplina, la preparación y el trabajo en equipo.
En medio de la alegría por la clasificación, también hubo espacio para la gratitud. Todo indica que este fue el último partido mundialista de Guillermo "Memo" Ochoa con la Selección Mexicana. Más allá de los récords y las extraordinarias atajadas que permanecerán en la memoria de millones de aficionados, su carrera deja una enseñanza invaluable: la experiencia no se improvisa, se construye con años de disciplina, preparación y perseverancia. Memo Ochoa nos recuerda que el talento abre puertas, pero es el trabajo constante el que permite permanecer y trascender. En el deporte, como en la empresa y en el emprendimiento, las organizaciones necesitan jóvenes con entusiasmo, pero también personas con experiencia que inspiren, orienten y demuestren que la excelencia es el resultado de nunca dejar de prepararse.
Los equipos campeones combinan la fuerza de la juventud con la sabiduría de la experiencia. Los emprendimientos exitosos también.
Hace unos días conocí a un joven que apenas rebasa los veinte años. Como muchos mexicanos, tomó decisiones importantes muy temprano: decidió formar un hogar con la mujer que ama, suspendió temporalmente sus estudios y, poco después, perdió su empleo. Para cualquiera, ese escenario podría representar un callejón sin salida. Sin embargo, él decidió ver una oportunidad donde otros solo encontrarían dificultades.
Con la receta familiar y el apoyo de su madre comenzó a elaborar chorizo artesanal. No tenía una fábrica, ni maquinaria industrial, ni un gran capital para invertir. Lo que sí tenía era algo mucho más valioso: el deseo de salir adelante, la disposición para aprender y la humildad para empezar desde abajo.
Su historia me hizo pensar en algo que solemos olvidar. Los grandes empresarios que hoy admiramos también comenzaron siendo pequeños emprendedores. Muchos iniciaron en una cocina, en un patio, en una cochera o en una pequeña mesa de trabajo. Antes de tener cientos de clientes, tuvieron uno. Antes de contratar empleados, hicieron ellos mismos cada tarea. Antes de recibir reconocimiento, enfrentaron incertidumbre, miedo y muchas negativas.
En México, las micro, pequeñas y medianas empresas representan más del 99% de las unidades económicas y generan alrededor del 70% del empleo formal del país, de acuerdo con datos del Inegi. Detrás de esa cifra existen millones de historias de personas que un día decidieron dejar de esperar oportunidades para comenzar a construirlas.
Sin embargo, elaborar un producto delicioso no será suficiente. También deberá aprender a venderlo. Hoy un emprendedor tiene herramientas que hace apenas unos años no existían. Facebook, Instagram, TikTok y WhatsApp Business permiten mostrar el proceso de elaboración, compartir recetas, publicar testimonios de clientes y generar confianza sin realizar grandes inversiones.
Pero existe un segundo canal de ventas que muchas veces olvidamos y que puede ser el más poderoso al inicio: las relaciones personales.
Los primeros clientes suelen estar mucho más cerca de lo que imaginamos. La familia de él, la familia de ella, los amigos de ambos, los vecinos de las casas paternas y de la nueva casa donde comienzan su vida juntos. Después vendrán las tiendas de abarrotes, las carnicerías, las tortillerías y los pequeños negocios de las ocho manzanas alrededor de su colonia.
Cada puerta tocada representa una oportunidad; cada conversación es una posibilidad de ganar un cliente.
Aquí aparece un ingrediente que no viene en ninguna receta de cocina: la actitud.
El emprendedor vende mucho antes de entregar el producto. Vende cuando sonríe, cuando saluda con respeto, cuando llega puntual, cuando cumple lo prometido y cuando agradece la confianza de quien decidió comprarle. La mejor campaña publicitaria sigue siendo la recomendación de un cliente satisfecho.
También deberá aprender una lección fundamental: no confundir el dinero del negocio con el dinero de la familia. Una parte de cada venta deberá reinvertirse para comprar materia prima, otra servirá para cubrir los gastos del hogar y otra deberá convertirse en ahorro para hacer crecer el emprendimiento. La disciplina financiera es tan importante como la calidad del producto.
Como sociedad también tenemos una responsabilidad. Cada vez que compramos un producto elaborado por un emprendedor local estamos apoyando mucho más que una venta. Estamos fortaleciendo un sueño, impulsando una familia y contribuyendo a que una pequeña empresa tenga la oportunidad de crecer y, algún día, generar empleo para otras personas.
La victoria de nuestra Selección Nacional nos deja una enseñanza que trasciende el deporte. Los campeonatos no se ganan el día del partido; se construyen durante años de entrenamiento silencioso. Lo mismo sucede con los negocios. Las empresas exitosas no aparecen de la noche a la mañana. Son el resultado de cientos de pequeños esfuerzos realizados con constancia, honestidad y pasión.
Los campeones no aparecen el día de la victoria; se forman en cada entrenamiento. Los emprendedores tampoco nacen el día que venden más, sino el día que deciden no rendirse.
MINI RETO DE LA SEMANA
Compra esta semana un producto elaborado por un emprendedor local, recomiéndalo a tres personas y recuerda que toda gran empresa comenzó conquistando a su primer cliente.
Hoy celebramos el triunfo de once mexicanos sobre una cancha. Mañana celebremos también a quienes, desde una cocina, un taller o una pequeña mesa de trabajo, están construyendo con esfuerzo el futuro de nuestro país. Porque las victorias más importantes no siempre levantan una copa; muchas veces levantan una familia, una empresa y la esperanza de un México que sigue creyendo en el valor del trabajo.
Respetuosamente Antonio Reyes Vásquez
Ciudadano, conferencista, desarrollador de emprendedores y consejero empresarial.





