Latam gira hacia la derecha

Hoy la flecha comienza a moverse en sentido contrario. A partir del triunfo de Javier Milei en Argentina

Latam gira hacia la derecha

Durante buena parte de los últimos años, América Latina fue presentada como el territorio de una nueva ola progresista. México, Brasil, Colombia, Chile, Argentina, Bolivia y Honduras, entre otros países, quedaron bajo gobiernos identificados con la izquierda, en un fenómeno de victoria tras victoria para la agenda de esta ideología. Parecía que el mapa político de la región se había pintado de un solo color. Sin embargo, las urnas volvieron a demostrar que en política ningún dominio es permanente.

Hoy la flecha comienza a moverse en sentido contrario. A partir del triunfo de Javier Milei en Argentina, siguieron con él una ola de victorias para la derecha, es decir, la reelección de Daniel Noboa en Ecuador; Antonio Kast en Chile; Rodrigo Paz asumió en Bolivia, después de un durísimo contexto marcado por tensiones políticas con la salida de Evo Morales; Nasry Asfura gobierna Honduras; Laura Fernández encabeza Costa Rica y Keiko Fujimori alcanzó finalmente la Presidencia de Perú.

A esta lista se sumó recientemente Abelardo de la Espriella en Colombia, poniendo fin al Gobierno de Gustavo Petro, el primer presidente izquierdista que ha tenido dicho país. La explicación fácil sería afirmar que América Latina se volvió conservadora.

Pero la realidad es que no, este escenario pareciera que ya lo hemos visto, puesto a que estamos frente a una ciudadanía que se está reconfigurando, y en ese sentido, hoy a la urna se presenta un votante menos fiel a las ideologías y mucho más dispuesto a castigar a los gobiernos que no ofrecen resultados.

Hace algunos años, el descontento estaba dirigido contra los partidos tradicionales y las administraciones de derecha. Ahora, el desgaste alcanzó a varios gobiernos de izquierda que prometieron transformar la realidad, pero no lograron responder con suficiente velocidad a las principales preocupaciones de la población.

La inseguridad ocupa un lugar central en este cambio. Frente al crecimiento de la violencia, el narcotráfico y el crimen organizado, una parte importante del electorado está respaldando propuestas de orden, fortalecimiento policial y endurecimiento de las penas, marcadas bajo un discurso radical, haciendo mover a la política latinoamericana a una conversación cada vez más polarizada.

También influye la economía, es decir, la inflación, el bajo crecimiento, y la percepción de que el dinero alcanza cada vez menos han debilitado a los oficialismos. En ese contexto, candidatos como Milei encontraron terreno fácil para ofrecer reducción del gasto público, disciplina fiscal y una ruptura frontal con la clase política, lo que terminó acabando con el famoso "peronismo argentino" de los Kirchner.

Sin embargo, esta nueva ola no representa un cheque en blanco. Algunos triunfos fueron sumamente cerrados (caso Colombia o Perú, con diferencia entre los candidatos de casi un punto porcentual) y varios gobiernos enfrentarán congresos fragmentados, sociedades polarizadas y altas expectativas.

Ganar una elección mediante el enojo ciudadano puede ser relativamente sencillo, pero convertir ese descontento en estabilidad, crecimiento y seguridad es una historia completamente diferente. El mismo electorado que hoy gira hacia la derecha podría regresar a la izquierda si los nuevos gobiernos tampoco ofrecen resultados, y eso en Latinoamérica ya lo hemos visto.

Para México, este movimiento regional debe observarse con atención rumbo a las elecciones de 2027. Morena conserva una fuerza política considerable, pero cometería un error si interpretara sus triunfos como una garantía permanente. La oposición, por su parte, también se equivocaría si creyera que basta con llamarse de derecha para recibir automáticamente los votos que en otros países cambiaron de dirección. Las elecciones no se ganan copiando etiquetas ni personajes extranjeros, sino entendiendo las preocupaciones locales y construyendo alternativas creíbles.

La principal lección de este nuevo mapa latinoamericano es que los ciudadanos tienen cada vez menos paciencia. Ya no basta con explicar los problemas culpando al pasado, a los adversarios o a las circunstancias internacionales.

Hoy, la gente quiere vivir con seguridad, encontrar oportunidades, mejorar sus ingresos y confiar en que las instituciones todavía funcionan.