La reforma que viene

Sin temor a equivocarme, la afamada reforma electoral ha sido y seguirá siendo en las semanas por venir el principal tema de atención

La reforma que viene

Sin temor a equivocarme, la afamada reforma electoral ha sido y seguirá siendo en las semanas por venir el principal tema de atención, por lo menos si de política hablamos, ya que pocas veces en la historia reciente de nuestro país una reforma no oficial, con propuestas aún desconocidas, había causado tanta expectativa y ámpula entre quienes, de alguna u otra manera, se encuentran inmiscuidos en el tema político.

Pero bien, a pesar de que es una de las reformas más discutidas y analizadas, pocas personas conocen a fondo de qué se habla cuando se habla de la reforma electoral. Para hacer memoria, en nuestro país ha habido reformas electorales a través de los años que han ido moldeando el sistema político-electoral que tenemos en la actualidad, algunas con calados que han transformado por completo la vida en sociedad de los mexicanos. Para muestra, un par: primero, la reforma electoral de la década de los años setenta, cuando el presidente López Portillo, en un autorreconocimiento del poder que acumulaba su partido al haber sido candidato único en la elección presidencial de 1976, ideó de la mano de Jesús Reyes Heroles la reforma que permitió el registro de más partidos políticos e incluyó la figura de los plurinominales para tener un Congreso mucho más representativo y plural. Asimismo, a principios de la década de los años noventa, la reforma electoral trajo consigo cambios significativos como la creación del IFE como organismo autónomo y ciudadano para la organización y calificación de las elecciones, cambios en la imparcialidad de las campañas políticas y la credencial de elector con fotografía, que generaron avances profundos en el sistema político mexicano.

Por eso, el simple hecho de hablar en la actualidad de una reforma, en un sector de la población prende las alarmas, mientras que en otro representa una esperanza de acercarnos a un modelo mucho más democrático. De lo que sabemos hasta el día de hoy, esta reforma fue impulsada en su concepción por el expresidente López Obrador, quien hablaba de algunos temas, aunque de manera informal, como lo son la reducción de presupuesto a los partidos políticos, la reducción de los plurinominales, la reducción de los regidores en los ayuntamientos, entre muchas otras propuestas que podríamos catalogar como ideas y nada más.

No fue sino hasta la llegada de la presidenta Claudia Sheinbaum que se retomó este tema y se creó una comisión especial para estudiar, analizar y proponer una reforma electoral acorde a las necesidades de los mexicanos. Sin embargo, esta comisión no ha estado exenta de críticas, ya que es presidida por Pablo Gómez, un partidario de la izquierda a quien algunos catalogan como radical y alejado de la pluralidad de opiniones, llegando al grado de provocar roces no solamente con la oposición, a quienes poco han escuchado, sino también con los consejeros del INE y sus propios aliados del movimiento de la transformación. Hablamos del Partido Verde y el Partido del Trabajo, quienes abiertamente se oponen a la propuesta de reducción de financiamiento y plurinominales, alegando una competencia inequitativa entre las partes.

Sin duda, nada podemos adelantar sobre el contenido de la reforma hasta que no esté presentada como propuesta de iniciativa de ley de manera formal. Una vez sucedido esto, podremos opinar sobre las bondades o riesgos que conlleva. A pesar de ello, sí podemos hablar de las formas, dejando muy claro que, a pesar de que parecería que el sistema tiene todo el poder, aún quedan contrapesos, aunque sean desde el interior del mismo.

borbonmanuel@gmail.com