El fin del comunismo en América

El saldo global del comunismo superó los 100 millones de víctimas y sumió a millones más en la pobreza

El fin del comunismo en América

Entre 1989 y 1992 cayeron varios regímenes comunistas en todo el mundo. El 26 de diciembre de 1991 se disolvió la Unión Soviética, el sistema más emblemático del modelo. Para entonces, China ya había abandonado el socialismo maoísta: a finales de los años setenta emprendió reformas promercado, luego de que el experimento comunista dejara más de 50 millones de muertos entre hambrunas y represión. El saldo global del comunismo superó los 100 millones de víctimas y sumió a millones más en la pobreza. La caída de esos regímenes totalitarios, principalmente en Europa, abrió una ventana de esperanza para quienes habían vivido bajo la represión y el hambre.

Pero en América resistió un símbolo del viejo mundo: Cuba. Desde 1959, su modelo nunca fue económicamente viable. Sobrevivió gracias al apoyo de la URSS, que la utilizaba como pieza de presión estratégica frente a Estados Unidos. Tras el colapso soviético, la isla encontró un nuevo sostén en China, y ya entrado el siglo XXI, en Venezuela. Hugo Chávez llegó al poder con un proyecto de inspiración socialista y convirtió a Cuba en su aliado más cercano. El petróleo venezolano se volvió la principal fuente de oxígeno de la dictadura caribeña. Al morir Chávez (en Cuba, irónicamente) su sucesor, Nicolás Maduro, formado ideológicamente por La Habana, mantuvo ese flujo de recursos mientras su propio país se hundía en el hambre, el éxodo y la represión.

Maduro terminó involucrado en redes de narcotráfico, lo que lo puso bajo la mira de la justicia estadounidense. Además, acercó al régimen venezolano a rivales de Washington como Rusia y China, a quienes entregaba petróleo a cambio de armamento. Por su vínculo con el crimen organizado y con potencias adversarias, Maduro se convirtió en un problema de seguridad nacional para Estados Unidos. Así, el 3 de enero de 2026, mediante la llamada Operación Determinación Absoluta, fue capturado, poniendo fin a más de dos décadas de socialismo autoritario en Venezuela y dejando al régimen cubano sin uno de sus últimos benefactores.

Pero La Habana ya había encontrado respaldo en otro Gobierno: México. Con recursos de los contribuyentes, el Gobierno mexicano le enviaba petróleo gratis a Cuba, permitiendo que la dictadura se mantuviera a flote. Ahora, Washington busca eliminar cualquier influencia de China y Rusia en la región. Cuba sigue siendo la pieza más sensible del tablero: está literalmente a unos kilómetros de Florida y ya en 1962 había puesto al mundo al borde de una guerra nuclear cuando los soviéticos instalaron misiles en la isla. Por eso, el presidente Donald Trump y su secretario de Estado, el cubanoamericano Marco Rubio, quieren completar el trabajo: cerrar la llave del petróleo mexicano y acelerar la caída del último régimen comunista del continente.

Todo indica que vivimos los últimos días del comunismo en América, un sistema que allí donde se ha implantado ha dejado escasez, represión y muerte. La caída de Maduro permitió la liberación de cientos de presos políticos que su Gobierno aseguraba que no existían. Y la inminente caída del régimen cubano desarticulará buena parte de la red revolucionaria que durante décadas operó en la región. Sin embargo, la ideología socialista sigue siendo un canto de sirena capaz de seducir a incautos. Ante ello, corresponde a los académicos explicar las consecuencias históricas de estos regímenes. Comprender cuáles fueron las causas de su fracaso y sus terribles consecuencias es fundamental para evitar que la región repita ciclos políticos que han generado enormes costos humanos.