Jiak noki en extinción

Mi conciencia no estaba preparada para saber lo que podría pasar con mi idioma materno

Jiak noki en extinción

Cuando era niño, no hablaba español o yoi noki. Así como yo, había muchos niños y jóvenes en mi pueblo y los otros pueblos yaquis. Mi conciencia no estaba preparada para saber lo que podría pasar con mi idioma materno; solo mi abuelo Jesús Ramírez, "Chulu Maejto", me decía lo que sucedería dentro de algunas décadas. Él falleció en 1990 y con él muchos conocimientos sobre la filosofía, cosmovisión e identidad yaqui.

En cambio, en mi vida se dio un giro muy significativo después de tres años de su deceso: me comisionaron al Proyecto Educativo de la Tribu Yaqui (PETY), en Educación Indígena Yaqui, y ahí me dieron el encargo de ser el responsable del área de lingüística. Desde ese día, 4 de marzo de 2004, mi vida cambió.

Como joven egresado de la Normal Rural de El Quinto, traía conocimientos occidentales y formas de enseñanza orientadas hacia planes y programas nacionales: enseñar en español y contenidos yoris. Fue en 1988, seis años antes de ingresar al PETY, cuando me enviaron a un curso intensivo sobre inducción a la docencia en la sierra montañosa de Alcozauca, Tlapa de Guerrero; allí tuve las primeras nociones sobre los elementos lingüísticos de la lengua yaqui y fue en 1994 cuando, ya comisionado al PETY, tuve la oportunidad de aumentar mis conocimientos.

Gracias a los maestros Hilario Molina Amarillas, Maximiliano Muñoz y Carlos Silva —quienes fueron mis asesores y coordinador (Hilario) durante nueve años—, aprendí lo más importante sobre la verdad de nuestros mayores: "Itom Yo'o lutu'uria". Ahí tuve la oportunidad de plasmar algunos elementos yaquis en los libros Jiak Noki para Primaria Indígena Yaqui. Obviamente, el equipo buscaba cómo escribir correctamente la lengua yaqui y para eso yo era el responsable.

El Proyecto Educativo de la Tribu Yaqui duró 19 años; en todo ese tiempo, sumó libros elaborados, audios, talleres lingüísticos, talleres reflexivos sobre el uso de la lengua yaqui y encuentros magisteriales para ahondar en temas educativos con pertinencia cultural y lingüística. Esta experiencia asumida durante todo ese tiempo me llevó a ser traductor e intérprete en lengua yaqui con respaldo del Inali, INPI y Cepiadet de Oaxaca.

En días recientes, varias instituciones educativas y culturales hicieron festejos alusivos al Día Internacional de la Lengua Materna, hecho que lleva a la reflexión y al análisis sobre la situación que guarda la lengua yaqui en los Ocho Pueblos. No estamos bien: hemos estado perdiendo la batalla contra el español o yoi noki. Muchos niños, jóvenes y personas adultas prefieren comunicarse en español que en la lengua de sus antepasados. ¿Será que no hablan yaqui o sienten que es mejor el español? Lo cierto es que en pueblos como Cócorit, Pótam, Vícam y otros, en sus jurisdicciones hay cada vez menos hablantes de lengua yaqui; lo vemos en las escuelas, en las fiestas tradicionales y ceremoniales y, principalmente, en los hogares.

El día conmemorativo de la lengua materna no debe ser solo un evento para olvidar y esperar al del siguiente año. Debe dar pie a mayores compromisos, como iniciar talleres lingüísticos, talleres de traducción, elaboración de materiales didácticos, uso más frecuente de la lengua yaqui, elaboración de anuncios en dicha lengua y exigir una verdadera educación indígena yaqui. En fin, acciones que den justificación al Decenio de las Lenguas Indígenas (2022-2032) proclamado por la Unesco en Los Pinos en el 2020. Se requiere un mayor compromiso de la SEC, SEP, Inali, INPI, Cedis y los ayuntamientos que tengan que ver con asentamientos indígenas.