El cuidado que sostiene el turismo de naturaleza en Sonora: mujeres que cargan con la triple jornada

Hubo mujeres levantándose antes del amanecer, no solo para preparar el desayuno de sus familias, sino para proteger el territorio

El cuidado que sostiene el turismo de naturaleza en Sonora: mujeres que cargan con la triple jornada

La próxima vez que un turista admire la puesta de sol en Bahía de Kino o camine por las playas de San Carlos, pocos sabrán que, antes de que llegara, hubo mujeres levantándose antes del amanecer. No solo para preparar el desayuno de sus familias, sino para proteger el territorio.

En Sonora, la conservación de espacios naturales como el Golfo de California tiene un rostro femenino, aunque frecuentemente no visible al turista. Investigaciones recientes de El Colegio de Sonora documentan cómo las mujeres sonorenses, desde las pescadoras de almeja en Bahía de Kino hasta las mujeres que trabajan como monitoras del lobo marino en La Manga, asumen una triple jornada: el trabajo doméstico no remunerado, sus labores productivas y, sobre todo, el cuidado ambiental del ecosistema que las sostiene.

"Me gusta ver los animales en su hábitat... pareciera que fueran entrenados", cuenta una integrante del grupo Ecotours La Manga. Pero esa pasión tiene un costo. Su día comienza a las 5 de la mañana, dejando comida hecha para los suyos, para luego sumarse al monitoreo de especies o a la limpieza de playas. Algo similar ocurre en Bahía de Kino, donde las mujeres recolectoras de almeja no solo extraen el valioso recurso, sino que son las primeras en alertar sobre la sobreexplotación y la contaminación.

Un análisis del sector turístico en Sonora (Inegi, 2024) muestra que el Estado tiene una oferta turística diversa, como Puerto Peñasco (alta gama) y Hermosillo (negocios). Sin embargo, en destinos emergentes como La Manga, la realidad es otra. Esta oferta contrasta con la realidad de las comunidades costeras. Espacios donde los visitantes califican la limpieza de la playa apenas como "regular", mientras que la oferta de servicios como casi nula y el reconocimiento del cuidado ambiental inexistente. ¿Por qué? Porque el trabajo de conservación, monitorear especies, limpiar playas, educar a turistas, no es pagado ni reconocido en los presupuestos oficiales.

Las mujeres enfrentan obstáculos estructurales: falta de luz y agua potable en sus comunidades, permisos burocráticos imposibles de tramitar sin Internet, y una división sexual del trabajo que les exige cuidar sin recibir recursos.

El concepto de "cuidado ambiental extendido", acuñado en estos estudios, explica justamente eso: las mujeres trasladan la ética del cuidado doméstico al ecosistema, vigilan el lobo marino como vigilan a sus hijos y protegen el banco de almejas como protegen su despensa. Pero este trabajo, vital para el turismo sustentable, sigue siendo invisible para las políticas públicas.

Por ello se plantean tres acciones urgentes: crear estancias infantiles y comedores comunitarios en las comunidades costeras para liberar tiempo de las mujeres; reconocer económicamente a las pescadoras, monitoras, artesanas dentro de los programas de conservación; y simplificar los requisitos burocráticos para que comunidades sin servicios básicos puedan acceder a permisos y financiamiento.

Porque, no hay sostenibilidad ecológica sin sostenibilidad de la vida. Y la vida, en la costa de Sonora, la sostienen las mujeres con sus cuerpos, sus saberes y su resistencia cotidiana, para que el turismo sustentable en Sonora no se construya sobre el cansancio de las mujeres. Cuidar los paraísos naturales que todos visitamos empieza por cuidar a quienes los cuidan.


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