La Navidad de 2026 en el Vaticano tendrá un significado especial gracias a la participación de cientos de niños que enfrentan tratamientos contra el cáncer. Sus creaciones artísticas formarán parte de la decoración del tradicional árbol navideño instalado en la Plaza de San Pedro, uno de los símbolos más representativos de las celebraciones decembrinas de ese lugar.
La iniciativa, denominada "El mundo que me gustaría", permitirá que pequeños pacientes de distintos hospitales italianos elaboren adornos de arcilla que serán colocados en un abeto plateado de aproximadamente 25 metros de altura, procedente del bosque de Cugno dell´Acero, en el sur de Italia.
APOYO EMOCIONAL A TRAVÉS DEL ARTE
Las piezas serán creadas en talleres de terapia cerámica impulsados por la Fundación Lene Thun, organización que trabaja desde 2006 en áreas de oncología pediátrica. Estos espacios buscan ofrecer apoyo psicológico a los menores mediante actividades creativas que les permitan expresar sentimientos, deseos y esperanzas durante sus tratamientos médicos.
Actualmente, la fundación desarrolla 56 talleres en 36 centros sanitarios de referencia en Italia. A lo largo de dos décadas, más de 80 mil niños y sus familias han participado en estas actividades, encontrando una herramienta para afrontar los desafíos asociados a la enfermedad.
No es la primera vez que los pequeños contribuyen a la decoración navideña del Vaticano. En 2016, pacientes atendidos por la misma fundación elaboraron adornos de cerámica para el árbol de la Plaza de San Pedro, una iniciativa que recibió el reconocimiento del papa Francisco.

UN PESEBRE CON PROFUNDO SIMBOLISMO
Junto al árbol, la Plaza de San Pedro albergará un pesebre elaborado por la Arquidiócesis de Chieti-Vasto, con la colaboración de diversas asociaciones culturales y educativas italianas.
El nacimiento incluirá figuras de terracota de pastores vestidos con trajes tradicionales de la región de Abruzzo, además de una oveja negra que simbolizará a la humanidad necesitada de redención.
La escena estará presidida por una representación del Migdal Eder o "Torre del Rebaño", referencia bíblica vinculada por la tradición cristiana con la espera del Mesías y el nacimiento de Jesús en Belén.
La tradición de instalar un árbol de Navidad en la Plaza de San Pedro comenzó en 1982 durante el pontificado de san Juan Pablo II y, desde entonces, se ha convertido en una de las imágenes más emblemáticas de las celebraciones navideñas en el Vaticano.





