Un informe publicado por la Fiscalía de Rhode Island ha revelado que más de 300 niños fueron víctimas de abuso sexual por parte de miembros de la Iglesia católica entre 1950 y 2011.
La investigación señala a 75 clérigos de la Diócesis de Providence como responsables de estos actos, subrayando un patrón sistemático de ocultamiento.
SISTEMA DISEÑADO PARA PROTEGER LA REPUTACIÓN
El fiscal general, Peter Neronha, calificó la escala de los hechos como "abominable". Tras analizar más de 250 mil páginas de documentos internos, la fiscalía determinó que la Diócesis priorizó la imagen de la institución sobre la seguridad de los menores.
En lugar de denunciar los casos ante las autoridades civiles, la Iglesia implementó traslados de sacerdotes y supuestos "tratamientos" de salud mental.
Este mecanismo permitió que los agresores fueran reincorporados a nuevas parroquias, manteniendo el acceso a otros niños.
Las entrevistas realizadas a casi 150 víctimas (quienes tenían entre 11 y 14 años al momento de los hechos) confirman que el silencio y las promesas de confidencialidad fueron herramientas clave para perpetuar el ciclo durante décadas.

ACCIONES LEGALES Y RECOMENDACIONES FUTURAS
La investigación ha derivado en acusaciones formales contra los sacerdotes John Petrocelli, James Silva y Kevin Fisette. Por su parte, el acusado Edward Kelly falleció en 2022 tras ser declarado incompetente para enfrentar un juicio por múltiples cargos de agresión.
El informe concluye con recomendaciones contundentes para la Diócesis de Providence, la cual sirve a un estado donde el 39% de la población es católica.
Se exige la creación de un fondo de compensación independiente para las víctimas y se insta a la Asamblea General a ampliar los plazos de prescripción para demandas civiles, buscando que la justicia no expire para quienes sufrieron estos agravios.




