Son las nueve de la mañana en Ciudad Obregón y el termómetro marca casi 28 grados centígrados en pleno 3 de abril. Es viernes, pero no es un viernes cualquiera: es Viernes Santo, un día en el que miles de personas salieron a las calles para participar en las procesiones organizadas por distintas parroquias.
El sol calaba durante el recorrido, pero la fe demostró ser más fuerte. En las calles se observaban niños, jóvenes, adultos mayores e incluso personas con alguna discapacidad, participando en los recorridos en la medida de sus posibilidades.
A través de sus redes sociales, las parroquias de Ciudad Obregón compartieron reseñas fotográficas de las escenificaciones del viacrucis, que en algunas colonias recorrieron más de un kilómetro, con jóvenes participando activamente tanto en la representación como en la organización.
Detrás de cada Cristo cargando su cruz avanzaban cientos, e incluso hasta un millar de personas, siguiendo el recorrido mientras realizaban las meditaciones y rezos propios de este acto.
Algunos viacrucis se extendieron hasta casi el mediodía, cuando el calor se intensificaba; sin embargo, nada que no pudiera sobrellevarse con una sombrilla y una botella de agua.
Cada persona vivió el Viernes Santo con sus propias peticiones y arrepentimientos, pero también con el deseo de volver a Dios o, al menos, de reflexionar sobre el acontecimiento que da sentido a la fe de millones de personas en todo el mundo.

IGLESIAS LLENAS DE PERSONAS QUE BUSCAN A DIOS
Desde la tarde del jueves, la participación fue notable en las misas de lavatorio de pies, celebradas en capillas donde se montaron monumentos para su adoración.
Los sacerdotes no se daban abasto para atender a quienes buscaban confesarse. En Catedral, el obispo Felipe Pozos y el padre Aníbal Lauterio confesaron hasta que se retiró el último fiel, cerca de las 11:30 de la noche del jueves.
Este viernes, tras las representaciones del viacrucis, se realizaron meditaciones de las Siete Palabras y, por la tarde, las celebraciones de la Pasión. Es el único día en que no hay consagración del pan y el vino; en su lugar, se realiza la adoración de la cruz.
También están programadas procesiones del silencio para cerrar el día con el rosario de pésame, de acuerdo con los horarios dados a conocer por cada parroquia.
El sábado se guardará luto, pues, según la tradición, Jesús reposa. Por la noche se celebrarán las vigilias pascuales, en las que se bendicen el fuego y el agua, las campanas vuelven a sonar y se anuncia la Resurrección, eje central de la fe cristiana.





