Capilla de San Juan Pablo II es elevada a parroquia: 15 años haciendo comunidad

Desde sus inicios, monseñor Ramiro Amado ha sido un promotor clave en la construcción del templo, que este fin de semana fue consagrado

Monseñor Ramiro Amado ha acompañado a esta comunidad durante tres lustros.
Monseñor Ramiro Amado ha acompañado a esta comunidad durante tres lustros.

Hace 15 años, por iniciativa del entonces obispo Felipe Padilla Cardona, surgió la idea de construir un templo en Los Arcos, una colonia que en ese tiempo era de reciente creación al surponiente de la ciudad. El encargado de encabezar esta misión fue el padre Ramiro Leonel Amado Amado, quien este fin de semana vio cómo el templo se convirtió en parroquia.

El padre Ramiro asumió con amor pastoral la tarea de formar una nueva comunidad, que sería dedicada a San Juan Pablo II, el "papa bueno", cuya imagen hoy se encuentra en el exterior del recinto.

LOS INICIOS DE UNA COMUNIDAD

Todo comenzó sin recursos. Las primeras misas se celebraban en un terreno baldío; con el paso del tiempo se logró construir un tejaban, luego una pared, otra más, y así, gracias al apoyo de los fieles, las gestiones del sacerdote y la providencia de Dios, se levantó el templo al que hoy acuden diariamente cientos de personas.

Una de sus principales características es el altar, con forma de barca, y al fondo una pintura de Jesús caminando sobre el mar, que recuerda el llamado que hizo a sus discípulos, según la Biblia.

Actualmente, el templo está terminado. Cuenta con una elegante capilla del Santísimo, donde todos los días se celebran misas a las 6:30 a.m.; además, se instalaron vitrales, un confesionario y nichos para depositar cenizas de difuntos.

El padre Ramiro recuerda que todo comenzó el 5 de mayo de 2011 y destaca que desde entonces ha sido un trabajo en equipo. "Son 15 años de mucho entusiasmo, gusto y alegría", afirma al rememorar lo que ha significado edificar lo que hoy es uno de los templos más representativos de la zona sur de Ciudad Obregón.

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ELEVACIÓN A PARROQUIA

Este fin de semana, el obispo Felipe Pozos Lorenzini visitó la comunidad para consagrar el templo y elevarlo formalmente al rango de parroquia. Esto implica que adquiere mayores facultades conforme al derecho canónico y que ya se pueden celebrar ciertos sacramentos, como el matrimonio, sin necesidad de autorización de otra comunidad.

"El dedicar esta iglesia y el altar nos debe hacer tomar conciencia. El hecho de que sean elevados a parroquia es una gracia de Dios; es una comunidad que crece en torno a la Palabra de Dios y los sacramentos, que se edifica y se manifiesta en la caridad", destacó el obispo.

También subrayó que los templos son necesarios, pero lo indispensable es que las comunidades estén vivas y caminen junto con su párroco. "Ustedes empezaron con una roca y construyeron todo esto; este templo es expresión de una comunidad viva", añadió.

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SIGNOS Y MISIÓN

Otra característica especial son dos frases colocadas en el templo: una en la entrada que dice "Duc in altum", que en español significa "rema mar adentro", y otra en la pared visible antes de salir: "Que nadie falte en el cielo". Ambas funcionan como recordatorio de la misión del sacerdote y de los fieles, de vivir de tal manera que puedan alcanzar la presencia de Dios al final de su vida terrenal.

El padre Ramiro, quien desde hace algunos meses ostenta el título de monseñor, señaló que en lo referente al templo la obra está concluida; ahora resta terminar los salones parroquiales y las oficinas, lo cual se realizará con el apoyo de la comunidad, que este fin de semana celebró haber sido elevada finalmente a parroquia.

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