Un estudio publicado en la revista Diabetic Medicine advierte que las personas que trabajan en horarios nocturnos enfrentan mayores dificultades para controlar la diabetes tipo 2, debido a alteraciones en la alimentación, el descanso y los hábitos diarios.
La investigación, encabezada por Rachel Gibson, analizó durante 10 días a 37 profesionales de la salud en el Reino Unido, principalmente enfermeras y comadronas. Durante este periodo, los participantes utilizaron monitores de glucosa y actividad, además de llevar un registro detallado de su ingesta alimentaria en turnos de día, noche y días de descanso.
Los resultados mostraron que, durante las jornadas nocturnas, los trabajadores tendían a consumir más calorías, con un incremento notable en alimentos ricos en azúcares. Esta situación se relaciona con la limitada disponibilidad de opciones saludables durante la madrugada, ya que muchas veces solo hay acceso a máquinas expendedoras o establecimientos con comida alta en grasa y azúcar.
A ello se suma la dificultad para planificar comidas equilibradas, debido a la falta de tiempo o condiciones adecuadas para preparar y almacenar alimentos, lo que obliga a muchos trabajadores a recurrir a opciones rápidas y poco nutritivas.

El estudio también evidenció que quienes laboran en turnos nocturnos permanecen despiertos por periodos más prolongados, alcanzando hasta 22 horas continuas, en comparación con 17 horas en turnos diurnos y 16 horas en días de descanso. Esta alteración en los ciclos de sueño impacta directamente en el metabolismo y contribuye a una mayor inestabilidad en los niveles de glucosa en sangre.
Los especialistas señalaron que estos factores combinados complican el manejo de la enfermedad, incluso en personas con conocimientos en salud, como es el caso de los profesionales analizados.
Asimismo, subrayaron la necesidad de mejorar las condiciones alimentarias en entornos laborales nocturnos, con el fin de facilitar elecciones más saludables y reducir los riesgos asociados a este tipo de jornadas.




