Durante el tratamiento contra el cáncer infantil, cada consulta, quimioterapia y revisión representa un paso en un camino que puede durar años. Por ello, cuando un niño concluye una etapa de su tratamiento, tocar una campana se ha convertido en un emotivo símbolo de esperanza, esfuerzo y nuevos comienzos.
La tradición surgió en 1996 en el MD Anderson Cancer Center de Houston, Texas. Irve Le Moyne, un almirante retirado de la Marina de Estados Unidos que recibía tratamiento contra el cáncer, quiso hacer sonar una campana cuando terminara su radioterapia, inspirado en el significado que este instrumento tenía en la tradición naval para marcar periodos de trabajo y el cambio de guardia.
Después de tocarla, Le Moyne dejó la campana en el hospital para que otros pacientes pudieran hacer lo mismo. Con el tiempo, la tradición se extendió a centros oncológicos de distintos países.
En los hospitales, la campana representa el cierre de una etapa del tratamiento. No necesariamente significa que el paciente esté libre de cáncer para siempre, pues en muchos casos comienza un periodo de vigilancia médica, pero sí marca un momento para celebrar el esfuerzo del paciente y reconocer a quienes lo acompañaron.

MATEO VENCE AL CÁNCER Y CELEBRA TOCANDO LA CAMPANA
Ese significado tuvo un momento especial el pasado viernes 4 de septiembre en el Hospital Infantil del Estado de Sonora (HIES), donde Adán Mateo, de 10 años, celebró su alta después de más de seis años de vigilancia tras concluir su tratamiento contra la leucemia.
Originario de Ciudad Obregón, Mateo fue diagnosticado cuando tenía cerca de tres años. En 2021 recibió su última quimioterapia y comenzó la etapa de vigilancia para confirmar que la enfermedad no regresara.
Tras más de seis años, llegó el momento de ser dado de alta. Mateo recorrió nuevamente los pasillos del HIES, esta vez acompañado de aplausos, hasta llegar a la campana dorada.
El oncólogo pediatra Benjamin Arroyo destacó su valentía y recordó experiencias compartidas durante el proceso. También lo felicitó por cerrar esta etapa y convertirse en un ejemplo de esperanza para otros niños que continúan enfrentando el cáncer.
Finalmente, Mateo tomó la campana y la hizo sonar con fuerza. Después agradeció a sus doctores, a Dios, a la Virgen de Guadalupe, a su familia y a todas las personas que estuvieron con él durante el tratamiento y la vigilancia.
SEPTIEMBRE DORADO: DETECCIÓN Y TRATO DIGNO
Su historia cobra especial significado durante Septiembre Dorado, mes de concientización sobre el cáncer infantil, que busca recordar la importancia de detectar oportunamente las señales de alerta y facilitar el acceso a atención especializada.
Fiebre persistente, pérdida de peso, cansancio, palidez, moretones o sangrados sin explicación, dolores persistentes, masas o inflamaciones pueden ser señales que requieren valoración médica. Tener alguno de estos síntomas no significa necesariamente que exista cáncer, pero ante su persistencia es importante acudir con un profesional de la salud.
Septiembre Dorado también recuerda que el cáncer no debe quitarles a los niños su derecho a ser tratados con dignidad. Durante el proceso necesitan atención especializada, pero también acompañamiento, comprensión, espacios para jugar y estudiar y la posibilidad de sentirse niños.
La campana, entonces, no es solamente un sonido. Es el reconocimiento de un largo camino, del esfuerzo de una familia y del trabajo del personal de salud.
Para Mateo, aquel sonido significó cerrar una etapa que comenzó cuando tenía apenas tres años. Para quienes todavía están en tratamiento, representa un mensaje de esperanza: algún día, también podrán llegar hasta esa campana.


