Cada 2 de marzo, la Iglesia Católica conmemora a Santa Ángela de la Cruz, una mujer que hizo de la humildad y el servicio su camino hacia Dios. Nacida como María de los Ángeles Guerrero González en 1846, en Sevilla, su historia está marcada por la sencillez, la enfermedad y una profunda experiencia espiritual que la llevó a fundar una de las congregaciones más comprometidas con los pobres.
Desde pequeña creció en un hogar de recursos limitados, pero rico en fe. Sus padres trabajaban en el convento de los Padres Trinitarios, ambiente que influyó notablemente en su formación cristiana. La devoción mariana ocupó un lugar central en su infancia: el rezo del Rosario en familia y las visitas a la imagen de Nuestra Señora de la Salud fortalecieron una espiritualidad que con el tiempo se volvería radical.
La necesidad económica la llevó a dejar la escuela y emplearse en una zapatería. Aquel taller no solo fue su espacio de trabajo, sino también un lugar de encuentro con Dios. Bajo la guía de Antonia Maldonado, su jefa, aprendió que la fe podía vivirse en lo cotidiano. Al finalizar la jornada, todos rezaban juntos y escuchaban lecturas espirituales, sembrando en la joven un deseo más profundo de consagración.
Su camino no fue sencillo. Intentó ingresar primero a las Carmelitas Descalzas y más tarde a las Hijas de la Caridad, pero su frágil salud frustró ambos intentos. Lejos de rendirse, encontró en el cuidado de enfermos —especialmente durante una epidemia de cólera— una forma concreta de vivir el Evangelio.

¿CUÁL FUE LA MISIÓN Y FUNDACIÓN DE SANTA ÁNGELA DE LA CRUZ?
El 1 de noviembre de 1871 marcó un antes y un después en su vida. Mientras oraba ante un crucifijo, comprendió que estaba llamada a "subirse a la cruz", es decir, a abrazar la pobreza y el sacrificio por amor a Cristo y a los más necesitados. Aquella experiencia interior definió su misión: ser pobre entre los pobres.
En 1875, junto a tres compañeras, inició en Sevilla la vida comunitaria que daría origen al Instituto de las Hermanas de la Compañía de la Cruz. Inspiradas en la espiritualidad de San Francisco de Asís, combinaron contemplación y acción, dedicándose al cuidado de enfermos, ancianos, indigentes, moribundos y personas abandonadas.
La expansión fue rápida. En pocos años surgieron nuevas casas en distintas ciudades andaluzas, mientras la obra recibía reconocimiento eclesial. En 1904, la congregación obtuvo la aprobación pontificia de Papa Pío X, consolidando oficialmente el carisma de la fundadora.
LA "MADRE DE LOS POBRES"
Conocida como "Madre de los Pobres", falleció el 2 de marzo de 1932. Décadas más tarde, su testimonio sería reconocido por la Iglesia universal: fue beatificada en 1982 y canonizada en 2003 por Juan Pablo II.
Hoy, su legado permanece vivo en la labor silenciosa de sus hijas espirituales, quienes continúan llevando consuelo y esperanza allí donde más se necesita.




