Pocas figuras del Nuevo Testamento resultan tan cercanas como Lucas. Pablo lo llamó "el médico querido" en su carta a los Colosenses, y ese detalle revela mucho; antes que evangelista, fue un sanador. Nacido en Antioquía de Siria y de origen gentil, Lucas aportó a la naciente Iglesia una mirada abierta, sensible a quienes quedaban fuera de los círculos habituales. Su Evangelio lo confirma; solo él relata la parábola del Buen Samaritano y destaca la fe de personajes extranjeros como la viuda de Sarepta, Naamán el Sirio o el leproso samaritano que regresó a dar gracias.
Características y legado del Evangelio de Lucas
No sabemos cómo llegó a la fe, pero los Hechos de los Apóstoles permiten rastrear su camino junto a Pablo. Hasta el capítulo 16 el relato usa la tercera persona; de pronto, tras la visión del macedonio que pide ayuda, pasa al "nosotros": Lucas se suma a la misión hacia Samotracia, Neápolis y Filipos alrededor del año 51. Más tarde vuelve a hablar en tercera persona, lo que sugiere que no fue arrestado con Pablo y que permaneció en Filipos. Siete años después reaparece a su lado en Mileto, Tiro, Cesarea y Jerusalén, y cuando Pablo queda cautivo en Roma, en el año 61, sigue a su lado. En el tramo final, abandonado por casi todos, el apóstol escribe a Timoteo: "el único que está conmigo es Lucas".
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Su Evangelio es, quizá como ningún otro, el evangelio de la misericordia. Seis milagros y dieciocho parábolas exclusivas suyas lo demuestran; el rico Epulón y Lázaro, el hijo pródigo recibido con los brazos abiertos, la pecadora que lava los pies de Jesús con sus lágrimas. También pone en labios de María el Magnificat, ese canto que anuncia que Dios derriba a los poderosos y enaltece a los humildes. Esa cercanía con María, de quien probablemente recogió testimonios directos sobre la Anunciación, la Visitación o la angustia de José y María al perder a Jesús en el Templo, alimentó la tradición que lo representa como pintor.
Sobre su muerte no hay certeza; algunas fuentes hablan de martirio, otras de una vejez longeva. La tradición más antigua sitúa su fallecimiento en Beocia, a los 84 años, tras instalarse en Grecia para escribir su Evangelio. Médico, compañero fiel y narrador de la ternura de Dios, Lucas sigue siendo hoy una de las puertas más humanas para acercarse al mensaje de Jesús.

