El consumo de edulcorantes artificiales no calóricos, como sucralosa, aspartame y sacarina, ha aumentado significativamente en México, especialmente en refrescos y alimentos "light", "zero" o "sin azúcar". Estos aditivos endulzan cientos de veces más que el azúcar sin aportar calorías, por lo que son muy usados entre personas con diabetes o quienes buscan controlar su peso.
Recientes investigaciones de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala alertan sobre una posible relación entre el consumo de sucralosa y el cáncer de colon, particularmente en hombres de 30 a 59 años, grupo en el que se ha observado un incremento de incidencia en los últimos años, cuando antes este cáncer afectaba principalmente a mayores de 60.
EFECTOS DE LA SUCRALOSA EN RECIÉN NACIDOS
Los estudios perinatales realizados por Sonia León Cabrera y su equipo muestran que los bebés de madres que consumieron sucralosa durante el embarazo y la lactancia presentan mayor producción de citocinas proinflamatorias y alteraciones en la microbiota del calostro.
Esto podría predisponerlos a desarrollar enfermedades metabólicas y aumentar el riesgo de cáncer de colon en la edad adulta. Experimentos en ratonas confirmaron que la descendencia de madres consumidoras de sucralosa tenía mayor peso, perfiles inflamatorios anormales en el intestino y una mayor susceptibilidad a tumores de colon.

CONSUMO SEGURO Y RECOMENDACIONES
Aunque organismos como la FDA establecen un límite seguro de sucralosa de 5 mg por kg de peso corporal, y la EFSA lo fija en 15 mg/kg, estos valores provienen de estudios de hace más de 25 años y no consideran exposiciones acumulativas ni el consumo durante el embarazo y la lactancia.
Una lata de refresco light puede contener hasta 60 mg de sucralosa, y muchos productos cotidianos también la incluyen, desde bebidas hasta jarabes para la tos.
Los expertos advierten que los edulcorantes no calóricos no deberían consumirse durante la etapa perinatal, ya que podrían comprometer la salud del bebé y aumentar su riesgo de desarrollar cáncer de colon en la vida adulta.
Aunque actualmente las etiquetas alertan sobre el consumo infantil, deberían ampliarse a mujeres embarazadas y lactantes para proteger estas etapas críticas del desarrollo.




