Antoni Osorno tiene 32 años y una misión poco común: recorrer cementerios para limpiar las tumbas de personas que nunca conoció. Con guantes, una pala, flores y oraciones, este abogado de la Ciudad de México ha atendido 243 sepulturas desde marzo de 2024, sin cobrar por su trabajo.
Conocido en redes sociales como El Limpiatumbas, antes de comenzar cada jornada pide permiso a los difuntos y encomienda sus almas a Dios. Lo que para algunos podría parecer una actividad extraña, para él representa una manera de transformar el dolor en un acto de amor.

UNA PROMESA NACIDA TRAS LA MUERTE DE SU ABUELA
La inspiración llegó después del fallecimiento de Alicia, su abuela materna, quien acostumbraba limpiar las sepulturas de desconocidos durante sus visitas al panteón. Ella llamaba «los olvidados» a quienes parecían no recibir atención de sus familiares.
Aunque Antoni nunca la acompañó en esas labores, decidió recuperar aquella tradición seis meses después de su partida.
El 23 de marzo de 2024 limpió por primera vez una tumba abandonada, perteneciente a un niño llamado Ángel. La experiencia lo conmovió hasta las lágrimas y marcó el comienzo de una actividad que, con el tiempo, se convirtió en parte fundamental de su vida.
Desde entonces, visita distintos cementerios de la capital mexicana y su zona metropolitana. Dedica entre dos y tres horas y media a retirar maleza, barrer, acomodar flores y dejar las sepulturas en mejores condiciones.

FE, MISERICORDIA Y RESPETO POR LOS DIFUNTOS
El sacerdote Alberto Medel considera que esta iniciativa puede relacionarse con la obra de misericordia corporal de dar sepultura a los muertos, pues expresa respeto por quienes han fallecido.
Antoni ha descubierto que una sepultura descuidada no siempre significa abandono. Algunas familias evitan regresar al cementerio porque el dolor de la pérdida sigue siendo demasiado intenso.
Su labor también busca ofrecer consuelo a quienes atraviesan un duelo.
Además de esta actividad voluntaria, el abogado realiza trámites para apoyar a otras personas, especialmente adultos mayores. Ahora espera que su iniciativa inspire a nuevas generaciones a cuidar las tumbas olvidadas.
Su deseo es sencillo: que nadie quede en el olvido y que otros continúen el legado que heredó de su abuela.
"Oren por ellos, véanlos, no los dejen en el olvido", es el mensaje con el que invita a recordar a quienes ya partieron.

