Durante el inicio del movimiento de la Independencia de México, Miguel Hidalgo tomó de la sacristía del Santuario de Atotonilco, Guanajuato, un lienzo con la imagen de la Virgen de Guadalupe. La pieza acompañó al movimiento insurgente y se convirtió en uno de sus principales símbolos.
La imagen religiosa tenía un fuerte significado para distintos sectores de la población de la Nueva España, por lo que su presencia contribuyó a identificar al ejército encabezado por Hidalgo y otros líderes insurgentes.
EL ESTANDARTE FUE CAPTURADO TRAS LA DERROTA DE ACULCO
El 7 de noviembre de 1810, las fuerzas insurgentes comandadas por Hidalgo e Ignacio Allende fueron derrotadas en la Batalla de Aculco. Durante la retirada, el estandarte fue abandonado y posteriormente recogido por tropas realistas.
Los soldados lo entregaron al general Félix María Calleja, quien a su vez lo remitió al virrey Francisco Javier Venegas. Tiempo después, la pieza fue llevada a la parroquia de la Villa de Guadalupe, en la Ciudad de México.
A mediados del siglo XIX pasó por la Cámara de Diputados y posteriormente regresó a la Colegiata de Guadalupe.

LA PIEZA SE ENCUENTRA BIEN RESGUARDADA
Actualmente, el estandarte atribuido a Miguel Hidalgo se encuentra en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, dentro de su Salón de Banderas.
La pieza permanece en una vitrina hermética de vidrio y metal, bajo condiciones especiales para evitar su deterioro. En 1858 se incorporó al museo y ese mismo año se colocó en su reverso una leyenda para identificarlo como el estandarte utilizado por el llamado Padre de la Patria.
El recinto también conserva otras piezas vinculadas con movimientos armados mexicanos que utilizaron la imagen guadalupana, entre ellas estandartes relacionados con el zapatismo y la Guerra Cristera.
Además, el museo resguarda el llamado "Blasón de Hidalgo", un estandarte de algodón blanco pintado a la acuarela que también fue utilizado por las fuerzas insurgentes y que contiene referencias a la Virgen de Guadalupe.

