Ingenieros de la Universidad Johns Hopkins desarrollaron dos pequeños robots magnéticos capaces de transportar antibióticos directamente al corazón, una tecnología que podría ofrecer una alternativa a las cirugías de alto riesgo para tratar la endocarditis infecciosa.
El sistema, descrito en la revista Advanced Materials Technologies, está compuesto por dos dispositivos del tamaño aproximado de la punta de un lápiz que trabajan de manera coordinada para administrar medicamentos en zonas específicas del tejido cardíaco.
Su funcionamiento depende de un sistema externo de bobinas electromagnéticas que permite dirigirlos sin necesidad de baterías ni motores incorporados.
DOS ROBOTS QUE TRABAJAN EN EQUIPO
El primero cuenta con una aguja provista de pequeñas púas que le permiten fijarse al tejido del corazón. Este dispositivo permanece como una especie de estación de anclaje, mientras que el segundo transporta y libera el medicamento.
Una vez administrado el antibiótico, el módulo farmacológico puede desacoplarse y retirarse mediante un catéter. La estructura anclada permanece en su sitio para recibir nuevas visitas del dispositivo encargado de suministrar el tratamiento.
De esta manera, los investigadores buscan facilitar la administración localizada de fármacos durante periodos prolongados y reducir la necesidad de repetir procedimientos invasivos.
Las primeras pruebas se realizaron con flujo sanguíneo simulado y tejido cardíaco de cerdo. Según los resultados, los microrrobots lograron acoplarse con precisión, suministrar medicamentos durante tres horas y ser recuperados de forma segura.
"Es realmente la frontera de la robótica quirúrgica", señaló Axel Krieger, autor principal de la investigación.
EL RETO ANTES DE PROBARLOS EN HUMANOS
La endocarditis infecciosa es una enfermedad potencialmente mortal que afecta el revestimiento interno del corazón o sus válvulas. Generalmente requiere semanas de antibióticos intravenosos, pero el tratamiento puede resultar insuficiente en algunos casos debido a la dificultad de alcanzar concentraciones adecuadas del medicamento en la zona infectada.
Ante esta situación, algunos pacientes necesitan dosis más elevadas, con posibles efectos tóxicos, o una cirugía a corazón abierto.
En Estados Unidos se diagnostican entre 40 mil y 50 mil casos nuevos cada año, de acuerdo con la información citada en el estudio.
El equipo científico planea realizar nuevas pruebas con modelos cardíacos más realistas, capaces de reproducir las contracciones y los movimientos de un corazón humano.
Por ahora, la tecnología permanece en fase experimental. Su seguridad y eficacia deberán comprobarse antes de determinar si puede utilizarse en pacientes y reducir la necesidad de intervenciones quirúrgicas.

