Al concluir septiembre, mes dorado de concientización sobre el cáncer infantil, el psicooncólogo pediatra Missael González Yocupicio habló sobre uno de los retos que enfrentan niños y adolescentes después de pasar largos periodos hospitalizados: regresar a la escuela y reencontrarse con sus compañeros.
El especialista explicó que el cáncer no impacta únicamente la salud del paciente, sino también su entorno emocional, familiar, académico y social. Por ello, volver al salón de clases puede generar ansiedad ante la incertidumbre de cómo serán recibidos y qué preguntas tendrán que responder.

DE LA COMPASIÓN A LA VERDADERA EMPATÍA
González Yocupicio recomendó a docentes, directivos, familias y compañeros aprender a ver al menor más allá de su diagnóstico. Antes que un paciente oncológico, dijo, sigue siendo un niño o adolescente con personalidad, gustos, capacidades y deseos de pertenecer.
La empatía, señaló, no significa tratarlo como alguien diferente o vulnerable, sino reconocer lo que está viviendo, respetar sus necesidades y relacionarse con él de manera natural y equitativa.
También pidió evitar la sobreprotección y no asumir que el estudiante no puede realizar determinadas actividades. Darle privilegios académicos sin que los solicite puede transmitirle la idea de que los demás no confían en sus capacidades.

IMPORTANCIA DE LA INFORMACIÓN Y PREVENCIÓN DEL BULLYING
Durante la reintegración escolar es importante considerar que el alumno puede ausentarse nuevamente por semanas o meses y presentar cambios físicos o algunas limitaciones temporales. Docentes y compañeros deben facilitar su incorporación sin excluirlo de actividades por anticipar que no podrá participar.
El especialista también destacó la importancia de hablar con la comunidad escolar sobre cambios como la pérdida de cabello, variaciones de peso o el uso de dispositivos médicos, así como prevenir burlas, sobrenombres, rechazo o preguntas invasivas.
"Preguntarle qué desea, qué necesita y platicar con la familia" puede ayudar a los docentes a prepararse para el regreso, señaló.
Para las familias, recomendó acompañar sin presionar: escuchar, respetar si el menor no quiere hablar de su enfermedad y continuar incluyéndolo en actividades familiares cuando las indicaciones médicas lo permitan.
La clave, recalcó el psicooncólogo, es que el niño pueda recuperar progresivamente su sentido de pertenencia sin que su diagnóstico se convierta en aquello que defina la manera en que los demás lo ven.

