Cada año, millones de mariposas monarca recorren más de 4 mil kilómetros desde Canadá y Estados Unidos hasta los bosques del centro de México. Este fenómeno, uno de los más emblemáticos del mundo natural, enfrenta ahora un riesgo creciente: el cambio climático podría modificar y fragmentar sus rutas migratorias en las próximas décadas.
Un estudio reciente elaborado por especialistas de la UNAM advierte que las condiciones necesarias para completar esta travesía (clima adecuado, disponibilidad de algodoncillo y hábitats funcionales) podrían desplazarse hacia el sur, afectando la conectividad de las rutas tradicionales.
RIESGOS CRECIENTES PARA LA MIGRACIÓN
La investigación utilizó un multimodelo que integra idoneidad climática, biológica y ambiental. Los resultados muestran que, aunque para 2030 aún existirían condiciones relativamente favorables, hacia 2050 se prevé una reducción de zonas óptimas y una mayor fragmentación del trayecto. Para 2070, el panorama sería más crítico, con una disminución significativa de hábitats adecuados.
Este desplazamiento podría provocar que algunas poblaciones dejen de migrar largas distancias y se vuelvan residentes en regiones más al sur, transformando un fenómeno biológico que ha persistido por generaciones.
Aunque recientemente se reportó un incremento del 64% en la superficie ocupada por colonias en México, especialistas subrayan que estos datos no garantizan una recuperación sostenida.

CONSERVACIÓN MÁS ALLÁ DE LAS ZONAS NÚCLEO
Los expertos coinciden en que proteger únicamente los sitios de hibernación no es suficiente. La supervivencia de la mariposa monarca depende de toda su ruta migratoria, lo que exige estrategias coordinadas entre México, Estados Unidos y Canadá.
Entre las principales propuestas destacan la creación de corredores de conservación, la reducción del uso de herbicidas y la protección del algodoncillo, planta esencial para su reproducción.
Más allá de su valor ecológico, la monarca también tiene importancia cultural y económica, especialmente en México, donde está vinculada al Día de Muertos y al turismo ambiental.
La evidencia científica apunta a que solo un enfoque integral permitirá preservar este fenómeno natural frente a los efectos del cambio climático y la presión humana.




