En un ambiente de recogimiento, la Catedral Metropolitana de Hermosillo fue escenario del último adiós al arzobispo emérito José Ulises Macías Salcedo, cuya vida estuvo marcada por el servicio, la cercanía y el acompañamiento a la comunidad católica.
Desde temprana hora, fieles, sacerdotes y representantes de la Iglesia se congregaron para participar en la misa exequial, donde se destacó tanto su trayectoria como el vínculo humano que construyó a lo largo de los años con quienes lo conocieron.
La celebración fue seguida por cientos de personas en el exterior de la Catedral donde se colocaron pantallas.
UNA DESPEDIDA ENTRE FE Y GRATITUD
Durante la homilía, el arzobispo de Hermosillo, Ruy Rendón Leal, resaltó el impacto personal de Macías Salcedo más allá de su investidura religiosa. Señaló que su partida representa la pérdida de una figura cercana para la comunidad.
"Cuando muere un obispo, muere para nosotros un padre, un hermano y un amigo", expresó, subrayando el sentido humano de su legado.
Asimismo, destacó que fue una persona que compartió la vida con los demás, acompañando tanto en momentos de alegría como en tiempos difíciles, lo que fortaleció su relación con la feligresía.

LEGADO PASTORAL QUE PERDURA
El mensaje también incluyó un reconocimiento a su extensa labor dentro de la Iglesia, donde durante décadas desempeñó distintas responsabilidades que contribuyeron a la formación espiritual de generaciones en la región.
Su estilo pastoral, caracterizado por el trato directo y la cercanía, dejó una huella significativa en la comunidad, que hoy lo recuerda con respeto y afecto.
Al concluir la ceremonia eucarística, sus restos fueron depositados en una tumba dentro de la Catedral de Hermosillo.
La despedida concluyó con un llamado a mantener viva su memoria a través de la fe y la unidad, destacando que su vida fue ejemplo de servicio humilde y compromiso con la Iglesia.




