Hay que impedir que la autoadscripción indígena sea utilizada únicamente como una vía para acceder a candidaturas y espacios reservados para los pueblos originarios, sin que exista una pertenencia, participación, trayectoria y vínculo efectivo con la comunidad que se pretende representar.
Lo anterior fue planteado por el dirigente de la agrupación Jiapsi Yoreme Mayo, Abel Ramírez Torres, en el marco de las consultas promovidas por autoridades electorales para la construcción del procedimiento que garantice la paridad de género en las regidurías étnicas, así como para establecer criterios que permitan acreditar el vínculo con la comunidad en la postulación de candidaturas a diputaciones indígenas.
Ramírez Torres planteó establecer candados claros, objetivos y verificables que permitan distinguir entre la legítima pertenencia indígena y aquellas manifestaciones de identidad que no cuenten con un vínculo comunitario efectivo.
Indicó que entre los elementos propuestos destaca la lengua materna Yoremnokki, que debe constituir uno de los principales elementos de identidad y tener un valor especial cuando exista duda razonable respecto del origen, pertenencia o vínculo de una persona con el Pueblo Yoreme-Mayo.
Reconoció que los procesos históricos de desplazamiento y pérdida de la lengua obligan a que este criterio sea complementado con otros elementos objetivos, como la pertenencia y participación en un templo o centro ceremonial; desempeño de cargos y servicios tradicionales; participación comprobable en ceremonias, fiestas, danzas, música y organización comunitaria; trabajo en beneficio de la comunidad; ascendencia y arraigo, así como reconocimiento colectivo.
Mencionó que otro planteamiento importante que hizo fue el de que una constancia expedida por una sola persona que se ostente como gobernador o autoridad tradicional no debe constituir, por sí misma, prueba plena para acreditar la pertenencia indígena.
Ramírez Torres señaló que esta preocupación parte de una realidad que se presenta en distintas comunidades: el divisionismo y la existencia de dualidades o incluso de diversas personas que simultáneamente se ostentan como gobernadores o autoridades tradicionales.
Ante estas circunstancias, consideró riesgoso depositar toda la acreditación de la identidad indígena en una sola firma, sello o constancia individual.
Por ello, propuso que la acreditación se sustente en una verificación comunitaria, colegiada y multifactorial, privilegiando a la Asamblea General Comunitaria o al órgano colectivo que corresponda de acuerdo con las particularidades de cada comunidad.
También planteó que puedan participar como testimonios los propios portadores de la cultura Yoreme-Mayo: hablantes de Yoremnokki, autoridades ceremoniales, fiesteros, danzantes, músicos tradicionales, médicos tradicionales, artesanos, personas mayores y quienes cuenten con una trayectoria reconocida dentro de la vida comunitaria.

