Arizona es un territorio que suele asociarse de inmediato con el Gran Cañón y el paisaje desértico del suroeste, pero en realidad es mucho más que eso.
Se trata de un estado enorme y diverso, donde conviven montañas, pueblos mineros, carreteras infinitas y comunidades que parecen detenidas en otra época.
¿QUÉ ES LOWELL Y DÓNDE SE UBICA?

En ese mosaico de escenarios, el sur de Arizona guarda uno de sus secretos mejor conservados: Lowell, un rincón que parece haberse quedado atrapado en la década de 1950.
En esa región se ubica Bisbee, una ciudad del condado de Cochise que se localiza a solo 40 kilómetros de Agua Prieta, Sonora, justo frente a Douglas, Arizona.
El trayecto por carretera desde la frontera mexicana toma apenas 30 o 40 minutos, lo que convierte a esta zona en una escapada ideal para quienes viven en el norte de Sonora o buscan turismo fronterizo distinto.
Dentro de Bisbee se encuentra uno de los lugares más pintorescos del estado: Lowell, registrado en Google Maps como Lowell Ghost Town, aunque en realidad es más un museo vivo que un pueblo fantasma.
LA MINA LAVENDER PIT

Lowell se desarrolló gracias a la minería del cobre, particularmente por la gigantesca mina Lavender Pit, cuya actividad hizo florecer comercios, talleres, estaciones de servicio y restaurantes durante la primera mitad del siglo XX.
Pero cuando la minera cerró sus operaciones, la economía local se desplomó y gran parte de la población se fue. A diferencia de otros pueblos que fueron demolidos o modernizados, Lowell quedó prácticamente intacto. Así nació su fama como "el pueblo que se quedó atorado en los años 50".
Una publicación de Welcome Arizona lo describe así:
"Bienvenidos al pueblo que se quedó atorado en los años 50s. Cuando cerró la minera Lavender Pit, la calle Erie permaneció perfectamente congelada en el tiempo, con autos clásicos, anuncios retro y una atmósfera sin caducidad".
La calle Erie es hoy el principal atractivo. Ahí pueden verse vehículos de hace 70 o 75 años, algunos restaurados como si acabaran de salir de la agencia y otros con el encanto del desgaste del tiempo.

Barberías, tiendas de motocicletas Harley-Davidson, constructoras y viejas estaciones de servicio siguen en pie con letreros de porcelana y neón, bombas de gasolina de colores, lonas, terrazas y rótulos que evocan la era dorada del rock and roll, Elvis Presley y la cultura estadounidense de posguerra.
Visitar Lowell es viajar no solo a Arizona, sino al corazón de Estados Unidos en la época en que nuestros abuelos vivían entre vaselina, copetes, faldas largas y autos Chevrolet, Ford y Cadillac. Y lo mejor: está a unos cuantos pasos de Sonora. Un museo al aire libre que no pide boleto, solo curiosidad.





