INAH descubre en Sonora vestigios de la primera aldea pima junto a la misión del padre Kino

El hallazgo ocurrió en el valle de Cocóspera, entre los municipios de Ímuris y Cananea, donde los restos permanecieron ocultos por más 300 años

INAH descubre en Sonora vestigios de la primera aldea pima junto a la misión del padre Kino

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) anunció el hallazgo de vestigios de la primera aldea pima vinculada a la Misión de Nuestra Señora del Pilar y Santiago de Cocóspera, fundada por el jesuita Eusebio Francisco Kino a finales del siglo XVII en la sierra de Sonora.

El descubrimiento ocurrió en el valle de Cocóspera, ubicado entre los municipios de Ímuris y Cananea, donde los restos permanecieron ocultos bajo un mezquital durante más de 300 años, a apenas 100 metros del antiguo templo misional, considerado uno de los pocos edificios jesuitas que aún sobreviven en la antigua Pimería Alta.

Un hallazgo que recupera la memoria de los pueblos originarios

La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó la relevancia del descubrimiento al señalar que el trabajo arqueológico realizado en Sonora permite proteger el patrimonio histórico y recuperar memorias que permanecieron ocultas durante siglos.

La funcionaria explicó que este hallazgo ofrece una oportunidad para conocer de cerca la vida cotidiana de los pueblos himeris y comprender mejor sus procesos de resistencia, adaptación y permanencia cultural tras la llegada de los jesuitas a la región.

Durante décadas, especialistas habían buscado evidencias del asentamiento de los pimas himeris que habitaron Cocóspera bajo el liderazgo del jefe indígena Cola de Pato, figura clave de la región durante el siglo XVII.

La aldea de los primeros años de la misión del Padre Kino

Imagen ampliada

El descubrimiento fue encabezado por el arqueólogo del INAH, Tomás Pérez Reyes, junto con investigadores de distintas partes del país y el colectivo Salvamento Ferroviario Ímuris-Nogales.

De acuerdo con el arqueólogo Júpiter Martínez Ramírez, el asentamiento corresponde al primer poblado conformado durante la fundación del padre Kino en 1687 y se encontraba fuera del perímetro de protección del sitio misional, lo que permitió que permaneciera oculto pese a diversas obras realizadas durante el siglo XX.

La aldea ocupa aproximadamente 800 metros cuadrados y conserva restos de espacios habitacionales y áreas destinadas a reuniones comunitarias.

Viviendas que mezclaban tradiciones pimas y españolas

Los arqueólogos identificaron construcciones que reflejan la convivencia entre las tradiciones indígenas y las costumbres introducidas por los españoles.

Las viviendas estaban elaboradas con adobe moldeado, pero mantenían características propias de la arquitectura pima, como la presencia de fogones ubicados al centro de las casas. Además, se localizaron evidencias de estructuras temporales elaboradas con técnicas constructivas nativas.

En el exterior de las viviendas fueron descubiertos 20 hornos con restos de fauna como vacas, cerdos, ovejas, venados, perros, gallinas, guajolotes e incluso caballos y burros.

También se encontraron restos de amaranto, maíz, cactus y quelites, así como herramientas metálicas y de piedra utilizadas para procesar los alimentos.

Evidencias de resistencia cultural de los pimas himeris

Uno de los aspectos que más llamó la atención de los investigadores fue la presencia de restos cocinados de caballos, animales que tradicionalmente no eran consumidos por los españoles.

Según los especialistas, este hecho refleja la manera en que los pimas himeris continuaron aprovechando los recursos disponibles bajo sus propias prácticas culturales, incluso durante el periodo misional.

Asimismo, fueron localizadas numerosas puntas de flecha, evidencia de que las comunidades indígenas continuaron utilizando sus herramientas tradicionales pese a la presencia jesuita en la región.

Entre los hallazgos también destacan ornamentos elaborados con conchas provenientes del Golfo de California, los cuales coexistían con cruces y medallas cristianas, reflejando un complejo proceso de adaptación y transformación cultural.

Tras la expulsión de los jesuitas de la Nueva España en 1769, los franciscanos asumieron el control de la misión y realizaron modificaciones arquitectónicas al templo, varias de las cuales permanecen visibles hasta la actualidad y forman parte del patrimonio histórico de Sonora.

Marcela Islas
Marcela Islas

Egresada de Literaturas Hispánicas de la Universidad de Sonora, con experiencia en periodismo y turismo; pasión por la cultura, música y gastronomía.



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