La Iglesia en México ha alzado la voz ante los recientes operativos en la Ciudad de México que habrían derivado en detenciones arbitrarias de personas migrantes.
La Pastoral de Movilidad Humana de la Arquidiócesis Primada de México, que acompaña a estas comunidades desde hace años, ha recibido testimonios verificados sobre intervenciones en colonias como Guerrero, San Rafael, La Merced, Tepito, Polanco e Iztapalapa.
En la editorial semanal del portal DesdeLaFe.mx se denunció que vehículos oficiales con logotipos de Gobernación y del Instituto Nacional de Migración habrían trasladado a personas extranjeras, interceptadas incluso en sus viviendas, hacia estaciones migratorias y otros estados, en algunos casos sin órdenes oficiales, sin identificación clara de los agentes y sin garantías mínimas del debido proceso.
PREOCUPACIÓN POR LA VIOLACIÓN DE DERECHOS
Entre los detenidos se encuentran solicitantes de refugio con trámites vigentes ante la COMAR, personas en proceso de regularización migratoria y refugiados reconocidos por el Estado mexicano.
La Iglesia subraya que detener a quienes ya cuentan con protección legal contradice el principio de no devolución y representa una violación directa a derechos consagrados tanto en la legislación mexicana como en tratados internacionales.
Ante esto, en la misma editorial, se hace un llamado urgente a la Secretaría de Gobernación y al Instituto Nacional de Migración para suspender estas redadas y garantizar que los operativos se ajusten a la Ley de Migración, a la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político, y a los convenios internacionales firmados por México.
Además, se solicita la intervención de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México para supervisar estos procedimientos y proteger los derechos de los migrantes.

LA DIGNIDAD HUMANA NO SE NEGOCIA
La Iglesia insiste en que ninguna condición migratoria puede borrar la dignidad de una persona. Los migrantes son hombres y mujeres con historias, familias y esperanzas, y su trato refleja el tipo de país que México desea ser.
Históricamente, el país ha abierto espacios de acogida y solidaridad; hoy, más que nunca, se reafirma la necesidad de proteger a quienes más lo necesitan, garantizando respeto, humanidad y justicia.




