Lo que comenzó como una jornada habitual de trabajo y exhibición terminó en tragedia la noche del sábado en las inmediaciones de la conocida zona del Clavadista, donde un hombre identificado por sus allegados como Juan, mejor conocido como "El Chicali" o "Juan Patines", perdió la vida tras lanzarse al mar y ser arrastrado por la corriente.
Detrás de cada salto de las rocas había un hombre que salía a ganarse el sustento frente a la mirada de turistas y locales. Pese a la percepción popular, sus compañeros aclararon que Juan no era clavadista profesional, sino una persona muy cercana al gremio y servicial en el área, recordado por ayudar de manera constante a la gente y a los vendedores de cocos del lugar.
"Hice todo lo que estuvo en mis manos"
Ricky, clavadista local, relató los dramáticos momentos en que intentó salvarle la vida a su amigo en medio de un mar embravecido.
Según su testimonio, antes de que ocurriera el desenlace, le advirtió a Juan sobre el peligro. "Yo lo miré y le dije que se bajara, sin embargo, no me hizo caso y saltó", detalló. Al percatarse de la gravedad de la situación, Ricky se arrojó al agua para socorrerlo.
Ricky se metió a rescatar a Juan, pero desgraciadamente no se pudo hacer nada. "Me duele mucho la pérdida de mi amigo, intenté lo mejor que pude para sacarlo pero no pude. Las olas estaban muy fuertes; la corriente no estaba arriba, abajo había corriente y lo jaló", relató conmovido.
Ricky logró tomarlo del brazo y, en un inicio, avanzaba nadando casi hasta la orilla. Sin embargo, las condiciones adversas complicaron el rescate: "Él se estaba cansando y no tenía buena respiración porque aparte había tomado agua. En la misma desesperación se me subía a la cabeza, me hundía y me zambullía, pero yo salía, lo volvía a agarrar y le decía 'cálmate, cálmate", mientras él me pedía ayuda".
El cansancio extremo de ambos y la fuerza del oleaje terminaron por separarlos. Una fuerte ola golpeó a los dos hombres y los revolcó bajo el agua. Ricky, al empezar a tragar agua y sofocarse, perdió la fuerza para retenerlo.
"Cuando salí ya no lo miré y lo busqué mucho. Me tuve que salir porque la corriente me estaba jalando. Una vez afuera, empecé a gritarle a la gente que me aventara una cuerda, pero nadie me hizo caso, ya no lo encontré. Dios sabe que hice todo lo que estaba en mis manos", concluyó.

