Una lámpara encendida para el encuentro

Noviembre llega con recuerdos que despiertan el corazón

Una lámpara encendida para el encuentro

Una fotografía, el aroma de una comida familiar o una oración pronunciada frente a una tumba pueden acercarnos a quienes amamos y partieron de este mundo. Junto a esa nostalgia, nuestra fe en Jesucristo resucitado enciende una esperanza que nos acompaña y nos llama a vivir con sentido.

El Evangelio de este domingo 8 de noviembre presenta a diez jóvenes que salen con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco llevan aceite suficiente; las otras cinco descubren demasiado tarde que sus lámparas se apagan. Al concluir la parábola, Jesús nos invita a permanecer vigilantes, porque desconocemos el día y la hora de su llegada (Mt 25,1-13).

Al escuchar este pasaje, me pregunto ¿Cómo está mi propia lámpara? ¿Cuánto espacio doy a Dios en mis días? ¿Alimento mi fe con la oración, la Eucaristía y la escucha de su Palabra? ¿Mi manera de tratar a los demás refleja el amor que recibo de Él?

El aceite puede ayudarnos a pensar en esa relación con el Señor que se cultiva cada día. Una llamada a quien vive solo, la paciencia con alguien de nuestra familia, el perdón ofrecido con sinceridad y la ayuda al hermano necesitado mantienen vivo en nosotros el deseo de encontrarnos con Cristo.

UNA IGLESIA UNIDA POR EL AMOR

Al comenzar noviembre celebramos dos días muy queridos para los católicos. El día primero, la solemnidad de Todos los Santos nos permitió contemplar a quienes ya participan de la gloria de Dios. El día dos, la conmemoración de los Fieles Difuntos nos reunió para orar por aquellos que han partido y esperan llegar a la plenitud de su encuentro con Él.

Estas celebraciones nos acercan al misterio de la comunión de los santos. Formamos una sola Iglesia en Cristo, aunque sus miembros vivamos en tres estados.

La Iglesia triunfante está formada por quienes gozan ya de la presencia de Dios. Entre ellos están los santos reconocidos por la Iglesia y también tantas personas sencillas que vivieron en amistad con el Señor. Su testimonio nos anima y su intercesión acompaña nuestro caminar.

La Iglesia purgante comprende a quienes, habiendo muerto en la gracia y amistad de Dios, atraviesan una purificación final para entrar en la alegría del cielo. Por ellos ofrecemos nuestras oraciones, la santa Misa y obras de caridad.

La Iglesia peregrina somos quienes caminamos todavía en esta tierra. Entre alegrías y dificultades, aprendemos a amar, necesitamos convertirnos y recibimos la gracia de sostenernos unos a otros. Como enseña san Pablo, "si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos" (Rom 14,8).

Pensar en esta comunión me llena de consuelo. Cuando oro por mis seres queridos difuntos, los encomiendo a la misericordia del Padre. Cuando pido la intercesión de los santos, reconozco que el amor de Dios nos mantiene unidos en una familia más grande de lo que alcanzamos a imaginar.

TESTIGOS QUE MANTIENEN VIVA LA LLAMA

Noviembre nos regala el testimonio de santos muy cercanos al corazón del pueblo. Recordamos a san Martín de Porres el día 3, ejemplo de humildad y servicio; a san Carlos Borromeo el día 4, pastor entregado a su pueblo; a san Martín de Tours el día 11, conocido por compartir su capa con un pobre; y a santa Isabel de Hungría el día 17, testigo de una caridad generosa.

El día 22 recordamos a santa Cecilia, vinculada con la música y la alabanza. Cada uno, desde su propia historia, nos muestra que la santidad florece en la entrega cotidiana.

Este año también trae a nuestra memoria el centenario del inicio de la Guerra Cristera, ocurrida entre 1926 y 1929. En medio de aquella dolorosa etapa de nuestra historia, muchos católicos dieron testimonio de su fe. El 20 de noviembre recordamos a los beatos Anacleto González Flores y compañeros mártires, y el 23 al beato Miguel Agustín Pro, sacerdote jesuita fusilado en 1927.

Su memoria puede impulsarnos a vivir nuestra fe con valentía, a defender la libertad religiosa y a construir caminos de paz y reconciliación. Hoy también podemos mantener encendida la lámpara de la fe mediante el diálogo respetuoso, la fidelidad a nuestras convicciones y el servicio a los demás.

UNA MADRE QUE VISITA NUESTRA SIERRA

En nuestra Diócesis de Ciudad Obregón vivimos una bendición. La imagen peregrina de Santa María de Guadalupe ha iniciado su recorrido por comunidades de la sierra sonorense. La Colorada y Estación Torres estuvieron entre las primeras comunidades en recibirla. Su visita forma parte del camino de preparación hacia los quinientos años del acontecimiento guadalupano, que celebraremos en 2031.

Se trata de una réplica fiel de la imagen venerada en la Basílica de Guadalupe, que, según se nos ha compartido, fue puesta en contacto con la tilma original. Me conmueve imaginar a tantas familias recibiendo a la Morenita entre caminos de sierra, cantos, flores y oraciones. En cada comunidad, su imagen nos recuerda la ternura de una Madre que acompaña a sus hijos y los conduce hacia Jesús.

Nuestra madre María santísima, conoció la espera y supo guardar la Palabra en su corazón (Lc 2,19). Ella caminó con fe, permaneció junto a la cruz de su Hijo y acompañó en oración a los discípulos (Jn 19,25-27; Hch 1,14). Su ejemplo puede enseñarnos a mantener encendida nuestra lámpara.

UNA GRACIA QUE LLEVO EN EL CORAZÓN

El envío de la imagen peregrina, se formalizó el pasado 23 de octubre, durante el Segundo Homenaje Guadalupano en el Santuario de Guadalupe de Ciudad Obregón, viví una experiencia que guardaré siempre en mi corazón. En la procesión de entrada de la santa Misa tuve el honor de cargar la imagen de nuestra Madre de Guadalupe, junto con hermanos del "Centro Diocesano Santa María de Guadalupe, Madre del Redentor", donde sirvo en la difusión de su devoción y veneración.

Mientras avanzábamos, sentí una emoción difícil de explicar. Mi corazón se llenó de gratitud y pensé en aquel burrito que llevó a Jesús en su entrada a Jerusalén (Mt 21,1-9). También yo deseaba ser un humilde instrumento, dispuesto a llevar a otros el amor de María, quien siempre nos conduce a su Hijo.

Recordé también a san Juan Diego, su sencillez y su disposición para responder al encargo de la Virgen. Aquellas palabras que ella le dirigió resonaron en mi interior como una invitación para mi propia vida "Ve y haz lo que esté de tu parte".

Hoy comprendo este regalo como una llamada a seguir sirviendo con humildad, confianza y amor. Mientras la imagen peregrina visita las comunidades de nuestra sierra sonorense, pido a Santa María de Guadalupe que cada familia experimente su cercanía maternal y encuentre en Jesús la luz para su camino.

UNA IGLESIA QUE CAMINA

Este domingo acompañamos también con nuestra oración al Papa León XIV, cuyo viaje apostólico a Uruguay, Argentina y Perú está programado del 6 al 17 de noviembre. Su presencia entre nuestros pueblos latinoamericanos nos invita a renovar el sentido de comunión y a reconocernos hermanos en la fe.

Al mirar a los santos, recordar a nuestros difuntos y recibir a la Virgen peregrina, descubrimos muchos motivos para confiar. Cristo viene a nuestro encuentro y nos concede cada día una nueva oportunidad para llenar de amor nuestras lámparas.

ORACIÓN

Padre bueno, acoge a nuestros difuntos; Jesús, fortalece nuestra fe y acompaña al Papa León XIV; Espíritu Santo, guíanos en la paz. Santa María de Guadalupe, Madre peregrina, cuida a nuestras familias y llévanos a tu Hijo. Amén.